La unión entre la calle de Alcalá y la calle de Sevilla es una de las esquinas que más respira a gran ciudad Europea de Madrid. En parte gracias a las reformas que se hicieron en dichas calles para la apertura de la Galería Canalejas, y en parte gracias a lo que alberga este centro comercial de marcas de lujo.
El epítome del glamur está en el balance que hacen el bajo en el que se encuentra Hermés y la azotea con Dani Brasserie. El laureado Dani García firma la cocina de este restaurante que encaja perfectamente en dentro del espíritu de un hotel cinco estrellas como el Four Season y que los domingos sirve el brunch más caro de la capital.
El Brunch de Dani Brasserie

El festín incluye una barra libre de marisco, ostras, jamón ibérico y vistas muy privilegiadas sobre el centro de la ciudad. El Danis Sunday Brunch se organiza en estaciones: rincón de panes recién horneados con aceites premium, mesa de quesos y embutidos ibéricos, lácteos y toppings (yogures, granolas y compotas caseras), ensaladas, ahumados y una barra de crudos con marisco del día, ostras y ceviches, todo con show cooking en directo.
A esa parte de self service se suma una carta de platos calientes que se piden a mesa, que incluye tortitas, huevos benedictinos con jamón ibérico o con salmón nori y caviar, huevos rotos, bikini de mortadela, croissant prensado de jamón cocido ibérico y comté, la famosa Hamburguesa Rossini o el Club Sandwich de Dani.
Pero gran parte de la gracia de este brunch, no está solo en la suma de barra libre y carta que incluye el precio, sino en los platos del día que van ofreciendo. Si tu estómago lo permite, el risotto de calabaza o el solomillo Wellington pueden ser un extra con la exquisitez de un principal.
Las opciones de menú con precio cerrado son tres: Alcalá (125 €), que incluye buffet, selección de platos a la carta y bebidas sin alcohol; Sevilla (155 €), que añade vino blanco y tinto de la casa, manzanilla y Healthy Sips, una versión propia de la mimosa; y Dani (220 €), el más completo, con todo lo anterior más cócteles clásicos (Negroni, Paloma, Bloody Mary) y Champagne Ruinart, siempre con agua, café y refrescos incluidos.
En el concepto de brunch (unión en inglés de desayuno y comida) se da por hecho la calma propia de un domingo de descanso y autoindulgencia, y precisamente este menú está pensado para alargar la sobremesa al máximo y olvidar por un momento la deuterofobia.