El rombo de Metro, el Palacio de Cibeles y el Círculo de Bellas Artes tienen un nombre en común: Antonio Palacios. Nacido en O Porriño, Pontevedra, en 1874 y fallecido en Madrid en 1945, fue uno de los arquitectos que más contribuyeron a transformar la capital durante la primera mitad del siglo XX. Su obra combinó edificios monumentales con infraestructuras cotidianas: no solo modificó el perfil de la ciudad, sino también la manera en que los madrileños accedían al transporte público y reconocían sus estaciones.
Su relación con el suburbano comenzó en 1917, cuando la compañía le encargó el diseño y la decoración de estaciones y accesos. Palacios fue el autor del rombo que identifica a Metro, que hoy celebra sus 106 años de funcionamiento, y definió buena parte de la estética de sus primeras líneas, desde los interiores hasta elementos de señalización y entradas. Los revestimientos de azulejos contribuían a dar luminosidad a los espacios subterráneos y a reducir la sensación de encierro. Entre sus intervenciones destacaron los templetes de Sol y Gran Vía, concebidos para integrar los accesos en el paisaje urbano.
El Madrid de Antonio Palacios
Su huella sobre la superficie resulta igualmente reconocible. Junto a Joaquín Otamendi proyectó el Palacio de Comunicaciones, actual Palacio de Cibeles y sede del Ayuntamiento de Madrid; el antiguo Hospital de Jornaleros de Maudes; y el Banco Español del Río de la Plata, conocido como Edificio de las Cariátides y hoy sede del Instituto Cervantes. Aunque nacieron para funciones muy diferentes, estos edificios compartían una ambición monumental y una distribución pensada para responder a las necesidades de una ciudad en modernización.
El Círculo de Bellas Artes completa ese recorrido por sus obras más representativas. En 1919, los socios de la institución eligieron su propuesta, un edificio que apostaba por la altura y la verticalidad para reunir actividades culturales y artísticas. La adaptación posterior de muchos de sus inmuebles a nuevos usos explica la vigencia de su legado: sus edificios siguen albergando instituciones, mientras el símbolo del Metro continúa orientando a los viajeros. Palacios dejó así una identidad reconocible tanto en las grandes fachadas como en los pequeños signos de la vida diaria madrileña.
Aunque desafortunadamente, no todo el legado de Antonio Palacios ha sobrevivido. Una de sus grandes pérdidas fue el Hotel Florida, inaugurado en 1924 en la plaza del Callao: tenía fachada de mármol y 200 habitaciones con baño, y durante la Guerra Civil se convirtió en lugar de encuentro de escritores y corresponsales extranjeros. Fue demolido en 1964 para levantar unos grandes almacenes de Galerías Preciados, hoy ocupados por El Corte Inglés.
También desapareció de su emplazamiento original el templete de acceso al Metro de Gran Vía, aunque en este caso no fue destruido: se desmontó a comienzos de los años setenta y se trasladó a O Porriño, localidad natal del arquitecto.