En el número 35 de Gran Vía, a pocos metros de Callao, hay un edificio que muchos madrileños miran de reojo cada vez que pasan: el Palacio de la Música. Inaugurado en 1926 como sala de cine y conciertos y obra del arquitecto Secundino Zuazo, lleva cerrado desde 2008, convertido en símbolo agridulce de la ciudad: un palacio protegido y cargado de memoria, con la fachada vallada en la calle más bulliciosa de Madrid.
Este año, en plena víspera de su centenario, el histórico inmueble prepara por fin su regreso como gran espacio cultural del siglo XXI, con un proyecto de rehabilitación que quiere devolverle luz, público y música.
Casi veinte años cerrado y una reapertura fijada en 2026
El punto de inflexión llegó en 2020, cuando el Ayuntamiento de Madrid dio luz verde al proyecto de rehabilitación impulsado por la Fundación Montemadrid para devolver el edificio a su uso cultural. La licencia contemplaba una reforma integral en 24 meses, con la creación de una gran sala multiusos para conciertos y musicales, espacios de restauración asociados al teatro en la última planta y una apertura de la balaustrada a Gran Vía mediante cierre de cristal, manteniendo la protección integral del inmueble.
El portal turístico oficial del Ayuntamiento fijaró entonces una fecha simbólica: 2026, año del centenario de su inauguración, como horizonte de reapertura. La idea era encender de nuevo el Palacio de la Música como parte de la Gran Vía teatral, sumándolo al circuito de musicales y espectáculos justo cuando cumpliera 100 años.
De Montemadrid al grupo suizo Zephyros

Sin embargo, el camino ha sido más lento de lo previsto. La propia Fundación Montemadrid reconocía en 2025 que, pese a contar con licencia definitiva de rehabilitación, la obra aún no había sido adjudicada y el patronato seguía estudiando ofertas y modelos de gestión para garantizar un proyecto cultural sólido. A meses del centenario, la ausencia de obras visibles en la fachada hacía difícil imaginar una reapertura inmediata.
La situación se desbloqueó con la venta del edificio al grupo inversor suizo Zephyros, operación que permitió a la fundación obtener recursos para reforzar su actividad y trasladar la responsabilidad de la reforma al nuevo propietario. Zephyros se ha comprometido a acometer una amplia renovación a lo largo de los próximos tres años, con la meta de convertir el Palacio en un inmueble de vanguardia respetando su valor patrimonial y su historia arquitectónica. El proyecto busca crear un espacio cultural versátil dedicado a música, teatro, exposiciones y conferencias, reafirmando su uso de ocio y cultura.
Qué se está proyectando en su interior
Aunque por fuera el edificio sigue pareciendo inmutable, el futuro que se dibuja dentro es muy distinto del cine que conocieron los madrileños. La rehabilitación aprobada y asumida por el nuevo propietario contempla:
- Un gran auditorio principal para conciertos, musicales y espectáculos escénicos, con escenografía y condiciones audiovisuales de última generación.
- Una sala multiusos en la última planta, destinada a eventos, conferencias y posible restauración asociada al teatro (cafetería, restaurante), reforzando la vida del edificio más allá de la hora de función.
- Un espacio abierto a Gran Vía en la balaustrada, cerrado con cristal por seguridad pero pensado para relacionar el interior con la calle, recuperando la presencia del Palacio en el paisaje urbano.
La promesa es devolver al edificio su papel de referente cultural, sumándolo de nuevo a la oferta de teatros y salas de la avenida mientras mantiene usos terciarios compatibles que ayuden a sostener económicamente el proyecto.