El sur de Madrid podría vivir un pequeño terremoto ferroviario en los próximos años gracias a que la línea de tren abandonada entre Móstoles y Navalcarnero vuelve a escena y, con él, la posibilidad de que la línea C-5 de Cercanías se prolongue hacia Villaviciosa de Odón y Boadilla del Monte, conectando por primera vez estos municipios por vía férrea. No es todavía una obra aprobada, pero sí es un giro importante que el Ministerio de Transportes ha puesto en marcha el estudio de viabilidad de la conexión Móstoles–Navalcarnero y ha aceptado incluir en ese análisis un ramal hacia estas dos localidades del oeste metropolitano, tradicionalmente dependientes del coche, del autobús y del Metro Ligero.
La historia arranca con el viejo proyecto de ampliar la C-5 desde Móstoles-El Soto hasta Navalcarnero, un corredor cuya obra se inició hace más de 15 años y quedó abandonada, dejando viaductos a medio construir y una enorme frustración en la zona. Ahora, Transportes ha licitado el estudio que debe actualizar aquel trazado y plantear alternativas para que la conexión ferroviaria sea, por fin, una realidad, en el marco del gran plan de modernización de la C-5, al que se han asignado 1.350 millones de euros y 28 actuaciones para ganar capacidad y mejorar estaciones.
Sobre el papel, se estudia que el eje Móstoles–Navalcarnero no se quede ahí, sino que incorpore un ramal hacia Villaviciosa de Odón y Boadilla del Monte, dos municipios del arco oeste sin Cercanías que han presionado en los últimos meses para entrar en las evaluaciones técnicas. La idea, todavía en fase muy preliminar, dibuja un nuevo corredor de Cercanías que conectaría Móstoles con estas localidades y, desde allí, con la red existente, ofreciendo un itinerario alternativo a la saturada A-5 y a las líneas de autobús interurbano.
Qué se está estudiando exactamente

De momento, lo único firme es el encargo del estudio de viabilidad, que está en fase de adjudicación y que tendrá que analizar varias alternativas de trazado, costes y demanda antes de que el Ministerio tome decisiones sobre qué proyecto se impulsa realmente. Entre esas opciones figura el citado ramal hacia Villaviciosa y Boadilla, una posibilidad que los ayuntamientos implicados califican como “primer paso decisivo” porque, por primera vez, aparece negro sobre blanco en los documentos oficiales y no solo en el plano de los deseos municipales.
Villaviciosa de Odón, en particular, lleva años reclamando una solución ferroviaria que reduzca su dependencia del autobús y el coche privado; su incorporación al estudio responde precisamente a esa posición estratégica en el suroeste y a la falta de conexiones alternativas. Boadilla del Monte, por su parte, vería reforzado su actual eje de Metro Ligero con una conexión de Cercanías que lo acercaría directamente a Móstoles y al resto de la red C-5, algo especialmente relevante en un municipio que ha crecido de forma explosiva en población y actividad económica.
Entre la ilusión y la prudencia
Las noticias han sido recibidas con entusiasmo en los ayuntamientos implicados, que hablan de una oportunidad para reequilibrar el mapa de transporte del sur y el oeste de la región y para reducir la congestión diaria de las carreteras A-5, M-50 y M-501. Pero, más allá de los titulares, los propios consistorios y el Ministerio recuerdan que se trata solo del inicio del camino: el estudio de viabilidad llevará meses, después habrá que concretar un proyecto definitivo, buscar financiación y, finalmente, ejecutar las obras.
Mientras tanto, la gran transformación segura de la C-5 ya tiene hoja de ruta en la ampliación de andenes para trenes más largos, nuevas vías de apartado, renovación de señalización y la construcción de una nueva estación en Móstoles-El Soto, con el objetivo de aumentar en un 60% la capacidad de la línea y reducir las incidencias que hoy sufren a diario cientos de miles de usuarios.