Llega a su fin la huelga que ha afectado de lleno al servicio de recogida de residuos en Madrid. Comenzó el lunes 21 de abril y, durante seis días, ha contado con el máximo apoyo de los convocantes: los sindicatos de Comisiones Obreras (CCOO), la Unión General de Trabajadores (UGT) y la Confederación General del Trabajo (CGT).
La semana del 21 al 27 de abril, los sindicatos pidieron a las empresas subcontratadas por el Ayuntamiento de Madrid (FCC, Valoriza, Acciona, OHL, Prezero y Urbaser) que garantizasen condiciones de trabajo dignas a los recolectores de residuos. Exigieron homogeneidad, mayor estabilidad y una mejora salarial para el colectivo.
Hoy, el servicio de recogida funciona con normalidad tras casi una semana de huelga. Las empresas y los sindicatos aceleraron las negociaciones el sábado pasado, poco después de que el consistorio anunciara que, si no se llegaba a un acuerdo, habría un plan de urgencia para contratar empresas externas.
El domingo 27 de abril, a las 11:00 horas, se planteó un acuerdo que supone, además de nuevos beneficios sociales (como la regularización de las condiciones de los indefinidos parciales) una mejora salarial para todos los trabajadores de recogida de basura: un aumento de sueldo de un 1.5% en 2025; otro 1.5% en 2026; un 2% en 2027; un 3% en 2028 y un 5% en 2029. Aparte, los operarios con 44 años de antigüedad tendrán un plus del 90% de su salario base, y los que sumen 39 años, uno del 80%.
Este plan de mejoras ganó 819 puntos a favor, lo que ha supuesto, además de la finalización de la huelga, un gran avance en lo que respecta a los derechos del trabajador dentro del sector.
La huelga: basura amontonada y servicios mínimos insuficientes

El Ayuntamiento de Madrid confirmó que habría servicios mínimos de recogida durante la huelga. En los hospitales, colegios, guarderías y residencias, aseguró que funcionarían en las condiciones habituales, sin cambios.
Las protestas afectaron en mayor medida a la retirada de residuos domiciliarios, que se debía llevar a cabo cada 48 horas. El viernes pasado, Madrid vió bolsas de basura amontonadas, cubos a rebosar y centenares de comunidades de vecinos a la espera de soluciones. En definitiva, sufrió las consecuencias de unos servicios mínimos insuficientes.