En el corazón de la Sierra de Gredos, a poco más de una hora y media de Madrid, se esconde un paraíso natural perfecto para el verano: el Pozo de las Paredes. Esta poza salvaje, encajada entre paredes de granito y atravesada por el río Barbellido, figura entre los destinos favoritos de quienes buscan darse un baño lejos de las aglomeraciones habituales.
El enclave deslumbra por su estampa única: un puente medieval de robusta sillería —erigido para unir las aldeas serranas— preside el cañón natural y conecta ambas orillas. Bajo el arco del puente, el agua desciende cristalina, formando pozas profundas donde nadar, tirarse desde las rocas (siempre con precaución) o dejarse llevar por la corriente apacible, sin rastro de urbanización alrededor.
A pocos metros, un merendero rodeado de pinos invita a desplegar la manta, comer en calma y pasar la tarde protegido del sol. El rumor del río, la sombra fresca y el olor de la sierra convierten esta área en un auténtico lujo campestre, ideal para quienes aprecian la sencillez de un pícnic al aire libre. Para los menos previsores también está la opción del ir al bar de la zona que está en una casita de piedra y tiene una terraza muy agradable.
Cómo llegar al Pozo de las Paredes
El Pozo de las Paredes es accesible desde el pueblo de Navalperal de Tormes, en la provincia de Ávila, y suele mantenerse tranquilo incluso en pleno verano, aunque conviene madrugar para disfrutarlo con total calma.
Llegar al Pozo de las Paredes desde Madrid es sencillo y parte de la aventura de la escapada. Basta tomar la A-6 hasta Ávila y continuar por la N-110 en dirección a Barco de Ávila para después desviarse hacia Navalperal de Tormes, localidad desde la que parte el acceso señalizado hacia la poza. En total, el viaje en coche oscila entre 1 hora y 45 minutos y 2 horas, dependiendo del tráfico y del punto de partida en la ciudad.