Las obras del futuro bulevar de Alcalá, pensado para coser Cibeles con la Puerta de Alcalá y ganar espacio para el peatón, han levantado algo más que asfalto: bajo las capas modernas ha aparecido un pedazo del Madrid del siglo XX que llevaba décadas enterrado. Son los viejos adoquines y las antiguas vías del tranvía que rodeaban el monumento cuando este no era una rotonda monumental aislada, sino un auténtico nudo de tráfico y transporte de la capital.
El hallazgo se produjo a mediados de abril, cuando las máquinas retiraban el pavimento actual para ejecutar la nueva plataforma del bulevar. Bajo el firme han aparecido tramos del adoquinado histórico y las vías del antiguo tranvía que circunvalaba la Puerta de Alcalá en buena parte del siglo XX, tal y como se ve en las fotos de época donde la calle Alcalá luce su empedrado y los coches y tranvías pasan pegados al arco.
Fuentes del Área de Obras y Equipamientos han confirmado que el descubrimiento se comunicó de inmediato a la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, que es ahora quien debe decidir qué hacer con estos restos. Mientras tanto, la obra continúa “pero sin tocar los hallazgos”, lo que deja en suspenso la gran pregunta: ¿se conservarán a la vista como parte del nuevo diseño o volverán a taparse bajo el nuevo pavimento?
La aparición de las vías y adoquines llega en una zona especialmente sensible: el eje Prado–Recoletos–Retiro, declarado Paisaje de la Luz por la Unesco, donde cualquier intervención urbana se mira con lupa por su impacto patrimonial. El proyecto municipal ya preveía “recuperar parte de la imagen histórica” del entorno y hacer completamente accesible al peatón la Puerta de Alcalá, reduciendo su carácter de monumento aislado en una glorieta y acercándolo a la ciudadanía con nuevas áreas de estancia y recorridos peatonales.
Qué se ha hecho en otras ciudades con sus adoquines y vías
El debate sobre qué hacer ahora con estos restos no es nuevo ni exclusivo de Madrid. En otras ciudades españolas, como Barcelona y Badajoz, el viejo adoquinado y las trazas de infraestructuras históricas se han convertido en recurso patrimonial y turístico, integrándolos en la escena urbana en lugar de ocultarlos.
En la capital, cuando en 2018 emergieron los adoquines originales de la Gran Vía durante unas obras, se planteó también la disyuntiva entre dejarlos a la vista o volver a cubrirlos; finalmente se optó por dejarlos bajo el nuevo diseño.
Colectivos patrimonialistas y amantes de la historia urbana ya han empezado a reclamar que, al menos, una parte del adoquinado y de las vías quede incorporada al nuevo bulevar como recordatorio tangible de la ciudad que hubo bajo nuestros pies.