Hace apenas un año, en un valle entre Colmenar del Arroyo y Robledo de Chavela, dos ganaderos madrileños, Raúl Rodríguez y Víctor Manuel Alonso, hicieron realidad un proyecto que parecía casi de ciencia ficción: devolver al campo madrileño al bisonte europeo, desaparecido de esta tierra desde hace miles de años. Sobre 240 hectáreas levantaron Bisonte Park, una reserva natural de encinas, enebros y sabinas donde estos grandes herbívoros pastaban en semilibertad junto a caballos y vacas. El macroincendio que ha arrasado el suroeste de la Comunidad de Madrid en julio de 2026 convirtió ese paisaje en un infierno… pero también mostró hasta qué punto el pastoreo puede funcionar como cortafuego natural y salvar una parte de la finca y sus animales.
El fuego, originado en el entorno del cerro de Cinco Villas y extendido por la Sierra Oeste, ha calcinado más de 160 de las 240 hectáreas de Bisonte Park, dejando un mar de troncos negros y suelo gris donde antes todo era verde. Según informa diario El Mundo, Raúl Rodríguez llegó a quedar atrapado por las llamas mientras intentaba proteger a sus animales y tuvo que huir por caminos casi intransitables para salvar la vida.
Al día siguiente, regresó convencido de que lo había perdido todo. Lo que encontró fue un contraste brutal: gran parte de la finca reducida a cenizas, pero las parcelas donde pastaban sus caballos, vacas y bisontes prácticamente intactas, con el suelo aún verdoso y la vegetación baja. Sus 25 vacas, un semental y la manada de bisontes habían sobrevivido con algunos rasguños menores.
Según relata el ganadero, fue precisamente el pastoreo continuado de estos animales lo que había mantenido la hierba corta y la vegetación menos densa, creando una franja de baja carga de combustible que funcionó como cortafuego natural. La lengua principal del incendio se detuvo al llegar a esas zonas “limpias” y no avanzó dentro del parque con la misma virulencia que en los montes circundantes.
Bisontes como cortafuego: ciencia, expectativas y matices

La escena de Bisonte Park llega en un momento en el que la idea de usar bisontes como herramienta contra los incendios forestales está en pleno debate en España. Proyectos como el de un pequeño pueblo de Guadalajara que ha traído nueve bisontes para recuperar el monte se basan en lo mismo que ha ocurrido en Madrid: estos animales comen muchas plantas (hasta 180 especies distintas), mantienen el terreno más limpio y reducen la carga de combustible vegetal.
Investigadores y entidades como Rewilding Spain hablan de los bisontes como posibles “ingenieros del ecosistema”, capaces de generar montes más resilientes frente al fuego si se mantienen durante años en régimen de semilibertad. Sin embargo, parte de la comunidad científica pide prudencia: recuerdan que no hay evidencia clara de que el bisonte europeo sea la única solución para controlar la biomasa y señalan que el ganado vacuno o el ciervo rojo pueden tener efectos similares o incluso superiores en la desbroce del monte.
De hecho, un incendio de 2024 en la finca El Encinarejo (Jaén), donde había 19 bisontes, arrasó un tercio de la propiedad, cuestionando la idea de que su presencia garantice menos fuego. Los expertos insisten en que no hay milagros: los bisontes, como otros grandes herbívoros, pueden ser una herramienta más en una estrategia amplia que incluya ganadería extensiva, cortafuegos, trabajos selvícolas, pastoreo controlado y limpieza de restos vegetales.