Perales en flor, temperaturas templadas y las calles a rebosar de planes, Madrid estrena la primavera uno de los mercadillos míticos de la ciudad. Recoletos se convierte esta Semana Santa en un paseo al aire libre por la mejor artesanía hecha en España. Desde el 23 de marzo y hasta el 12 de abril, la IV Feria de Artesanía de Semana Santa llena este tramo del eje Prado‑Recoletos de puestos de cerámica, textil, joyería, vidrio, cuero y marroquinería, en una cita que reúne a 56 creadores de todo el país y que, además, sortea 1.500 euros en vales para gastar directamente en los stands.diario.
Organizada por la Junta Municipal de Centro y la Asociación Madrileña de Oficios Artesanos (AMOA), la feria funciona como un gran escaparate de artesanía contemporánea en plena milla cultural madrileña. El paseo se llena de casetas de madera abiertas de 11:00 a 21:00, sin interrupción, donde cada artesano muestra piezas únicas alejadas de la producción en serie: vajillas de autor, complementos textiles, joyas hechas a mano, vidrio trabajado, bolsos de piel y marroquinería con sello propio. La idea, subraya el Ayuntamiento, es reivindicar el trabajo manual como alternativa al consumo rápido y poner en valor materiales nobles y procesos cuidados.
Un mercadillo de artesanía en el centro de Madrid

Uno de los atractivos de esta edición son los sorteos de vales por un total de 1.500 euros, pensados para animar las compras y que el público se moje de verdad con el comercio artesano. La mecánica es sencilla: a través de los perfiles oficiales de la feria y de Artesanía de Madrid en Instagram y Facebook, se pueden ganar cheques que luego se canjean en los propios puestos, transformando el premio en cerámica, joyas, ropa, decoración o marroquinería. Es una forma directa de apoyar a los creadores y, al mismo tiempo, de convertir una visita de paseo en una compra especial de Semana Santa o de cara a la primavera‑verano.
En pleno centro de Madrid, entre Cibeles y Colón, Recoletos se transforma durante tres semanas en un corredor de oficios donde la cerámica convive con el textil, el vidrio con el cuero y la joyería con la marroquinería, en uno de los planes más tranquilos y diferentes de esta Semana Santa capitalina.