Un rescate en altura llevado a cabo por los Bomberos de la Comunidad de Madrid culminó el jueves de la semana pasada con una anécdota que provocó las risas de los presentes. Un gato de pelaje atigrado, que llevaba atrapado en la copa de un árbol desde el pasado lunes, fue finalmente socorrido gracias a la intervención de los efectivos, quienes utilizaron la cesta articulada del camión para acceder hasta el punto donde se encontraba el animal y poder bajarlo de forma segura.
El apego inesperado tras el descenso
Una vez completada la maniobra y con el felino a salvo, el bombero que lo sostenía procedió a entregarlo a una joven que aguardaba a pie de calle. Fue en ese instante cuando el animal, lejos de querer cambiar de brazos, clavó sus garras en el traje de intervención del rescatador y se aferró a su pecho y hombro, negándose por completo a soltarse.
«Se ha enganchado a mí, que no se suelta», comentaba el bombero con una sonrisa mientras la joven intentaba, con sumo cuidado y tirando de las patas, separar al gato del uniforme protector. A pesar de los esfuerzos, el felino volvía a agarrarse con fuerza a las cintas del arnés y al tejido del traje, buscando mantener el contacto con la persona que lo había bajado del árbol tras pasar varios días a la intemperie y sin posibilidad de descender.
El momento generó un ambiente distendido en el lugar de la intervención. Mientras el bombero intentaba convencer al animal diciéndole en tono de broma que sabía que se habían caído «muy bien», sus compañeros constataban entre risas que el gato había sentido una clara preferencia por Pablo, su rescatador.