La cadena La Mafia se sienta a la mesa acaba de chocar de frente con la justicia italiana y española. Tras más de una década de pulso legal, la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) ha declarado nula su marca en España por considerarla “contraria al orden público y a las buenas costumbres”, dando la razón a la República Italiana, que lleva años denunciando que el nombre banaliza la actividad de una organización criminal real. Italia sostiene que asociar la palabra “mafia” a un momento de ocio en un restaurante es ofensivo para las víctimas y utiliza una realidad sangrienta como reclamo comercial.
La decisión llega después de un precedente importante que ocurrió en 2018 cuando el Tribunal General de la Unión Europea anuló la marca comunitaria La Mafia se sienta a la mesa por la misma razón, pero aquello no afectaba al registro nacional, de modo que la cadena pudo seguir operando en España con normalidad y expandirse hasta superar el centenar de locales, siete de ellos en Madrid, con una facturación de más de 130 millones de euros al año. Ahora, la nulidad alcanza también a la marca española, lo que abre la puerta a que los juzgados mercantiles obliguen a la compañía a abandonar la denominación, a retirar logotipos y a eliminar cualquier guiño gráfico a la estética mafiosa de sus locales.
El enfado de los italiano por la banalización de la palabra «mafia»

La embajada italiana ya había manifestado en varias ocasiones su malestar por este tipo de nombres: no solo por La Mafia se sienta a la mesa, sino por otros restaurantes que hacen referencia a la Camorra o a organizaciones criminales en sus rótulos o en sus cartas. Para Roma, no es una cuestión de corrección política, sino de respeto, ya que la mafia no es una broma ni una estética creada para el cine, sino un fenómeno criminal real que ha dejado miles de muertos y que sigue activo, también en España, donde el crimen organizado ha utilizado durante años restaurantes y hoteles para blanquear dinero. De ahí que el embajador hablase abiertamente de marca “ofensiva” y “perturbadora”.
¿Qué ocurre ahora con los siete restaurantes que la cadena tiene en Madrid? Por el momento, pueden seguir abiertos, pero lo previsibles es que, si los tribunales mercantiles confirman el criterio de la OEPM, la empresa se vea obligada a un rebranding a fondo: nuevo nombre, nueva imagen corporativa y adiós a un rótulo que llevaba más de 25 años en las fachadas de media España. La compañía aún dispone de un mes para recurrir la resolución, y todo indica que lo hará, porque se juega no solo una cuestión de identidad, sino el valor de una marca construida a golpe de franquicias y campañas..