Menos de la mitad del territorio del barrio de Campamento está urbanizado. El resto del paisaje está dominado por instalaciones castrenses, que ocupan más del 90% del suelo no edificado. Esta anomalía urbanística, que mantiene a la zona constreñida y aislada por grandes vías de comunicación como la A-5, la M-40 y la carretera de Boadilla, es el escenario de uno de los planes de regeneración urbana más importantes de España. El proyecto contempla la construcción de 10.000 viviendas, destinando 7.000 de ellas a modelos de alquiler asequible y protección pública, con el objetivo de integrar este territorio en la trama urbana para el año 2031.
Una operación con décadas de retrasos y promesas
La conocida como Operación Campamento arrastra un largo historial de intentos fallidos. La idea de desmantelar los cuarteles para construir viviendas y oficinas comenzó a gestarse en 1989, mediante un convenio propuesto entre el Ministerio de Defensa y la Comunidad de Madrid que encalló por falta de acuerdo económico. A partir de entonces, el desarrollo se convirtió en un proyecto intermitente. En 1994, el gobierno autonómico rechazó un nuevo acuerdo entre el Ayuntamiento y el Ministerio. Posteriormente, se anunciaron inversiones en 2004 y nuevos planes en 2009 que terminaron sistemáticamente paralizados, dejando un inmenso vacío urbano a las puertas de la capital.
De zona de pastos a centro del servicio militar
Antes de llenarse de uniformes, los terrenos de las afueras de los antiguos municipios de Carabanchel Alto y Carabanchel Bajo servían principalmente para que pastaran los rebaños. El uso militar comenzó a finales del siglo XVIII con la instalación de un almacén de pólvora. Las maniobras regulares arrancaron a mediados del siglo XIX, dando paso a la construcción de los cuarteles que acabaron bautizando al barrio. Alrededor de esta actividad fueron surgiendo viviendas, tabernas y comercios para abastecer a los soldados, conformando el tejido vecinal original.
La historia de Campamento acumula episodios singulares. En 1886, un devastador tornado cruzó la zona dejando 47 fallecidos, un suceso que el escritor Benito Pérez Galdós inmortalizó en su novela Misericordia. Un siglo después, en 1992, la fuerte explosión de un polvorín generó una onda expansiva capaz de romper cristales en el Palacio Real. Además, la zona se consolidó durante décadas como el destino donde miles de jóvenes cumplían el servicio militar obligatorio en los edificios reconstruidos tras la Guerra Civil. Ya en los años veinte del siglo pasado, la llegada del tranvía había intentado coser esta zona con el centro de la ciudad, aunque el aislamiento vial terminó imponiéndose con el diseño de las autopistas modernas.
Hoy, a la espera de que las excavadoras transformen definitivamente su fisonomía, la vitalidad de Campamento se mantiene en sus locales de toda la vida. Un punto de encuentro habitual es la Bodeguita Casa Lifu, un establecimiento conocido en la zona por sus contundentes torreznos, que requieren cuatro horas de horno antes de pasar por la freidora, y por sus tradicionales raciones de oreja en salsa.