La visita del papa León XIV del 6 al 9 de junio ha despertado un interés por la que será su casa estos días en Madrid. La Nunciatura Apostólica, es decir, la embajada de la Santa Sede, no solo ejerce de espacio diplomático, también ha servido como residencia para diferentes papas desde que se cambiara la sede a este edificio en 1958, durante el pontificado de Pío XII, así la avenida en la que se ubica tomó el nombre de este papa.
El cambio respondió a una necesidad doble. Por un lado, abandonar el antiguo Palacio del Nuncio en el Madrid de los Austrias, un inmueble barroco del centro histórico que había quedado desfasado para las exigencias de una embajada moderna en términos de accesibilidad, seguridad y funcionalidad. Por otro, dotar a la Santa Sede de una sede diplomática contemporánea en un nuevo eje urbano de la capital, en Chamartín, con mejores comunicaciones por carretera y más espacio para combinar oficinas, zonas de recepción y residencia del nuncio en un mismo complejo específicamente diseñado para ello.
Un edificio pensado para la ceremonia… y la discreción

La nueva Nunciatura, proyectada por los arquitectos Heredero, Malumbre y Sobrini y construida por la empresa Huarte, fue inaugurada oficialmente por el nuncio Ildebrando Antoniutti ya instalado como primer residente en la sede moderna.
Por fuera, el edificio se presenta y responde bastante a la estética de los nuevos edificios oficiales construidos en la época: volúmenes claros, jardín perimetral, control de accesos y una estética más cercana a la de una embajada contemporánea que a un palacio histórico. Esa discreción exterior se extiende también en el interior, con un interior organizado en capas: una planta baja y zonas de trabajo donde se concentra la actividad administrativa, y una planta noble donde se desarrollan los actos de representación y se sitúan los principales salones y la residencia del nuncio y sus huéspedes más ilustres.
A diferencia de otros edificios representativos de la Santa Sede en Madrid, como la Basílica Pontificia de San Miguel, de estilo barroco, adscrita a la Nunciatura y utilizada para actos litúrgicos solemnes; la sede diplomática no busca ser un destino turístico, sino un lugar de paso controlado. No hay visitas guiadas ni apertura al público general, y las imágenes que trascienden suelen limitarse a recepciones concretas o a fotos oficiales de firma de acuerdos.
Aunque no se difunden planos detallados por motivos de seguridad, las descripciones históricas de la antigua Nunciatura y de otras sedes similares permiten hacerse una idea. La distribución en torno a un gran pasillo perimetral, despachos alineados hacia el patio interior y una sucesión de estancias que pasan de lo más protocolario a lo más íntimo a medida que se avanza. En las zonas de trabajo se concentran la Cancillería, la Chancillería y la Colectoría, departamentos encargados de tramitar dispensas, nombramientos, indultos y toda la burocracia que une Roma con las diócesis españolas.
En las paredes, lo habitual en este tipo de residencias es encontrar retratos de pontífices, mapas y documentos enmarcados, así como crucifijos y pequeños altares que recuerdan que, a diferencia de otras embajadas, aquí la diplomacia y la dimensión religiosa van de la mano.
La zona residencial: la “casa” del Papa

En el extremo más privado del edificio se encuentra la residencia del nuncio apostólico y las habitaciones reservadas a huéspedes de alto rango, como el Papa durante su estancia en Madrid. Esta zona —a la que solo accede un círculo muy reducido de personas— incluye el dormitorio principal, una pequeña sala de estar, despacho privado, comedor y, en algunos casos, una capilla doméstica donde el nuncio puede celebrar misa diaria.
Las crónicas sobre antiguas nunciaturas en Madrid hablan de interiores austeros, en los que se priorizan la funcionalidad y la sobriedad sobre el lujo ostentoso: mobiliario clásico, suelos de madera o mármol, colores neutros y decoración religiosa discreta pero omnipresente. Es previsible que en la Nunciatura de Pío XII se mantenga ese mismo criterio.