Ni cubierto por andamios se salva el Palacio de Cristal de ser un enclave cultural atípico de la ciudad. Ahora la protagonista es la lona que lo envuelve durante su restauración que desde ayer es en una gran obra de arte contemporáneo. El edificio se viste con Fardo, una instalación de la artista peruana Andrea Canepa que transforma el icono de cristal en un enorme paquete textil de mil metros cuadrados, lleno de colores y capas, visible desde todos los paseos que rodean el estanque.
La artista se ha inspirado en los fardos funerarios de la cultura precolombina de Paracas (Perú), conjuntos de telas que envolvían a los difuntos en múltiples capas de tejidos. La lona que ahora cubre el palacio funciona como un gigantesco fardo urbano: a medida que el visitante rodea el edificio, las imágenes impresas muestran un ciclo de telas que se atan, se despliegan y vuelven a cerrarse, en un bucle que solo se entiende caminando alrededor del monumento.
Un “fardo” precolombino envolviendo el Retiro
Andrea Canepa concibe el palacio como un “praxinoscopio contemporáneo”: cada paño de lona actúa como un fotograma y el movimiento lo pone el público, que activa el relato al desplazarse. El resultado es una obra que sustituye la transparencia habitual del Palacio.

Es la segunda vez que la lona de obras del Palacio de Cristal se usa como espacio expositivo, después del Gran friso de Miguel Ángel Tornero en 2025, pero es la primera que lo hace con un despliegue textil tan narrativo.
La pieza ocupa unos 1.000 metros cuadrados de superficie y permanecerá visible todo 2026, mientras avanzan los trabajos de reparación, que mantendrán el Palacio cerrado al menos hasta 2027. Lejos de ser un simple “parche” estético, la intervención integra arte y obra pública.
El director del Museo Reina Sofía, Manuel Segade, subraya que el proyecto forma parte de una línea de trabajo que quiere “aprovechar el propio proceso de rehabilitación como espacio expositivo”, invitando a artistas a intervenir las lonas y a dialogar con la transformación física del Palacio. En palabras de la propia Canepa, envolver el edificio es una manera de acompañarlo “en su transición de una etapa antigua a una nueva”, del mismo modo que los fardos acompañaban al cuerpo en su paso al más allá.