Es ley natural: los años pasan, los rostros conocidos que siempre han estado al otro lado de un mostrador se despiden y comercios históricos que han abastecido a generaciones y generaciones de parroquianos terminan por cerrar. Eso es lo que hará la mítica Pescadería Alofer (calle de la Esgrima, 8) de Lavapiés a finales del mes de marzo.
La noticia la adelantaba el pasado mes de septiembre Antonio Pérez en Somos Lavapiés, y la fecha concreta la ha detallado el periodista Pedro Zuazua en El País: esta pescadería –célebre no solo por los precios, el trato o el buen producto, sino por su peculiar forma de servirlo, haciéndolo volar por los aires– cerrará «seguramente» el próximo 31 de marzo.
El motivo no es otro que la jubilación de Fernando Alonso, su propietario, que tras más de 50 años despachando en el negocio explica que ha llegado el momento de bajar la persiana y descansar.
La historia familiar de Alonso se entrelaza con la de la venta de pescado muchos años atrás, antes de que estallara la Guerra Civil: un tío abuelo suyo compró el negocio y las generaciones siguientes fueron tomando el relevo. Y así ha sido hasta ahora: la familia ha decidido vender tanto el local como el edificio de dos plantas en el que se encuentra.
De un comercio de barrio a un hotel cápsula

Aunque algunos se van para disfrutar de un merecido descanso, a otros los expulsan. La gentrificación hace tiempo que provoca estragos en Lavapiés y uno de los comercios que desapareció hace ya seis años en consecuencia fueron el restaurante senegalés Baobab (calle de Cabestreros, 1) y la pensión Prinoy.
El futuro del inmueble pasa por convertirlo en un hotel de cápsulas, y a pesar de que los trabajos ya se habían iniciado, el Ayuntamiento de Madrid ha detenido (de momento) la demolición del edificio.
La decisión se ha tomado después de que Antonio Giraldo, portavoz de Urbanismo del grupo municipal socialista, haya registrado una denuncia ante la Fiscalía Provincial ya que posee alto valor patrimonial y podría tener varios siglos de antigüedad.
La continuidad del edificio queda ahora en manos de la decisión de la Comunidad de Madrid: si opta por no protegerlo, se reanudará el derribo.