El mercado del Encanto es una de las pop up consolidadas que vuelve esta primavera con una edición en el Palacio de Santa Bárbara (calle Hortaleza, 87), un palacete del siglo XIX con salones altos, molduras, suelos hidráulicos y grandes ventanales que, por unos días, se transforma en un marché parisino bajo techo. Entre el 27 y el 29 contará con más de 60 expositores de arte, moda, diseño y artesanía contemporánea que llenan las habitaciones del palacio con ropa de autor, joyería independiente, ilustración, cerámica, decoración, cosmética natural y piezas de pequeñas marcas que no se encuentran en tiendas convencionales.
El ambiente recuerda a esos mercados efímeros de París o Bruselas donde uno entra solo a mirar y sale con una lámina, un vestido o una vela que huele a flor de azahar. Aquí, además, la experiencia se completa con una terraza gastronómica de La Dichosa en el patio, perfecta para alargar la visita con algo de picoteo, una copa de vino o un café mientras se hace un alto entre stand y stand. Todo con entrada libre, sin necesidad de invitación ni reserva, y con el aliciente de un sorteo de cesta de productos que se organiza cada fin de semana entre quienes pasan por el mercado.
El Mercado del Encanto en Madrid: a cubierto y con marcas locales

Parte de la gracia del Mercado del Encanto está en su formato: es efímero, cambia de escenario a lo largo del año (ha pasado por hoteles de Serrano, el Hipódromo de la Zarzuela o ediciones navideñas de Reyes), y cuida mucho la selección de marcas, apostando por talento emergente y producción local. Eso hace que cada edición sea distinta y que el paseo por los salones del Palacio de Santa Bárbara se sienta más como visitar un showroom colectivo que como recorrer un mercadillo al uso.
En una Semana Santa en la que medio Madrid se vuelca en procesiones, ter razas o escapadas, este mercado indoor se convierte en un plan perfecto para una tarde: te das un paseo por Chueca y Alonso Martínez, entras en el palacio, te pierdes entre percheros y puestos de artesanía, sales con algún hallazgo bajo el brazo y rematas en la terraza del patio, sin haber salido del centro ni haber pasado por los lugares de siempre. Un pequeño paréntesis a la francesa, cubierto y muy madrileño, en pleno puente.