El cierre recurrente de El Retiro y otros grandes parques de Madrid en plena ola de calor está generando una creciente indignación entre vecinos, asociaciones y usuarios habituales de estos espacios verdes. La polémica se ha avivado este verano, cuando el protocolo municipal ha mantenido clausurados El Retiro y hasta ocho parques más durante más de una decena de días, justo en los periodos de temperaturas más extremas. En redes sociales, especialmente en X (antes Twitter), las quejas se han viralizado bajo mensajes como el de @DiegoRBCA: “El Retiro cerrado otra vez. Es más necesario que nunca cuando hace tanto calor”.
El sentir general es de incomprensión y frustración. Muchos ciudadanos consideran que, en vez de proteger, los cierres privan a la población de su principal refugio climático, ya que la sombra y la vegetación de estos parques pueden reducir la temperatura ambiente hasta en 8-15 grados respecto al asfalto. Las asociaciones vecinales como Retiro Norte, así como partidos de la oposición, reclaman una revisión urgente del protocolo y denuncian que el problema real es la falta de mantenimiento y recursos para el arbolado, no el calor extremo en sí mismo.
¿Por qué se cierran los parques de Madrid cuando hace calor?

El Ayuntamiento de Madrid, por su parte, defiende la medida como una cuestión de seguridad. Según los datos municipales, el 70-80% de las caídas de ramas y árboles se producen precisamente durante los días de cierre, cuando coinciden altas temperaturas y rachas de viento, y la mayoría de los árboles del Retiro son de edad avanzada y especialmente vulnerables. El protocolo, endurecido tras incidentes graves en años anteriores, se activa cuando la AEMET prevé más de 35°C y vientos de 55-65 km/h, con bajo nivel de humedad en el suelo.
Sin embargo, los vecinos insisten en que la solución no puede ser cerrar sistemáticamente los parques, sino invertir en su cuidado y habilitar alternativas, como la apertura parcial por zonas seguras o la creación de refugios climáticos en otros espacios municipales. Las quejas también apuntan a la falta de comunicación y transparencia sobre los criterios de cierre, así como a las molestias que supone para quienes atraviesan el parque a diario o buscan un lugar donde pasear, hacer deporte o simplemente resguardarse del calor.
La controversia se ha intensificado este verano, cuando las olas de calor han coincidido con eventos como la Feria del Libro, obligando a cancelar actividades y dejando a miles de madrileños sin acceso a uno de los pulmones verdes más emblemáticos de la ciudad.