El Retiro ha cerrado ya diez días desde mayo por aplicación del protocolo municipal ante rachas de viento y altas temperaturas. No está mal para lo que el Ayuntamiento de Madrid califica como un «1% del tiempo». Pero claro, ese 1% es también el periodo en el que caen el 80% de las ramas, según los cálculos del propio consistorio.
La medida forma parte del ya conocido protocolo de actuación en zonas verdes del Ayuntamiento, que afecta no solo al Parque del Retiro, sino también a otros ocho espacios que el área de Medio Ambiente considera “singulares”: El Capricho, la Rosaleda del parque del Oeste, Juan Carlos I, Juan Pablo II, Fuente del Berro, la Quinta de los Molinos, Torre Arias y el parque Lineal del Manzanares.
La historia del protocolo

Se trata de un protocolo que se activó en 2014 y que en 2019 fue endurecido por la anterior alcaldesa, Manuela Carmena. Las críticas, sin embargo, no han dejado de llegar, sobre todo cuando el cierre coincide con días de sol y temperaturas agradables o extremas desde lo caluroso. Este año, algunos sectores lo han bautizado directamente como el protocolo “contra el sentido común”, en referencia al aparente desajuste entre las condiciones meteorológicas percibidas y las restricciones impuestas.
La última activación del protocolo (que tuvo lugar el sábado 5 de julio) no es una excepción: los accesos al Retiro permanecieron cerrados durante varias horas, pese a que el parque lucía tranquilo. Una vez más, el algoritmo municipal dictó cierre.
Mientras tanto, José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, vive sus días fuera del foco público. Desde el 3 de julio, se encuentra de baja por paternidad tras el nacimiento de su hijo Lucas, fruto de su matrimonio con Teresa Urquijo.
Por qué cierran los parques cuando hace calor
Aunque buena parte del foco suele ponerse en el viento, el calor también dispara los cierres. Según el protocolo, no solo se tienen en cuenta las rachas intensas, sino también la temperatura, la humedad y otros indicadores meteorológicos que proporciona la AEMET. A partir de esos datos se determina un nivel de alerta —verde, amarilla, naranja o roja— que puede desembocar en el cierre total del recinto, como ya ha ocurrido este verano en varias ocasiones.
Una de las jornadas más polémicas fue la del 30 de mayo, cuando la Feria del Libro tuvo que improvisar un inesperado cierre. Y, mientras el Retiro se cierra por seguridad, la sombra escasea en otras zonas recién reformadas de Madrid. La ironía no ha pasado desapercibida para muchos vecinos, que comparan la clausura del parque con la instalación de toldos en lugares como la Puerta del Sol o Santa Ana, donde ya no quedan a penas árboles que protejan del sol.
Las quejas vecinales ante el cierre de los parques

El malestar es evidente: en plena ola de calor, los parques cierran cuando más se necesitan. El Retiro, y otros espacios clave como la Quinta de los Molinos o el Capricho, han permanecido clausurados en varios de los días más duros del verano. En redes sociales, las críticas han encontrado eco bajo mensajes que ya se repiten como mantra: “¿Cerrar parques cuando hace calor? Justo cuando el asfalto quema y la sombra escasea”. Para muchos, la decisión resulta contradictoria y piden cambios urgentes en el modelo de prevención.
Desde asociaciones vecinales hasta partidos de la oposición, la presión se centra en revisar el protocolo actual, que consideran demasiado rígido y poco adaptado a la realidad urbana. Reclaman inversión en mantenimiento del arbolado, aperturas parciales en zonas seguras y, en algunos casos, más información clara sobre por qué se cierran los parques y durante cuánto tiempo.