El cauce del río Manzanares a su paso por Madrid Río, donde hace décadas discurría el asfalto de la autopista M30, se ha transformado en uno de los puntos más destacados para la observación de fauna en la ciudad. La restauración del entorno fluvial ha devuelto a la zona especies que habían desaparecido, creando un ecosistema que atrae tanto a residentes habituales como a aves migratorias.
«Para mí es uno de los mejores sitios para ver aves en Madrid», explica Jake, de MadridBirding, en un vídeo dedicado a la biodiversidad del río. La clave, señala, está en la recuperación del propio Manzanares: «Lo han restaurado y han vuelto muchas aves que no estaban».
La transformación ha creado un corredor por el que distintas especies han podido avanzar desde espacios naturales situados al norte de la ciudad. Aves que ya vivían en zonas como El Pardo han ido siguiendo el cauce, encontrando alimento y comprobando que también podían sobrevivir varios kilómetros más al sur.
Con el tiempo, algunas han dejado de ser visitantes ocasionales para instalarse y nidificar en pleno entorno urbano.
Diversidad de hábitats y adaptación urbana
El agua es una de las razones principales. La presencia habitual de aves que pescan directamente en el río, como las garcetas o el martín pescador, indica que encuentran allí alimento suficiente.
Pero el atractivo del Manzanares para las aves no termina en el cauce. Jake destaca especialmente la variedad de hábitats de sus márgenes: hay árboles, arbustos y también zonas de pinar que sirven tanto para encontrar comida como para construir nidos.
Eso explica que en un mismo paseo puedan aparecer especies muy diferentes. El carbonero común convive con el carbonero garrapinos, especialmente ligado a los pinares, mientras que el pito real —uno de los pájaros carpinteros más reconocibles de Madrid— también frecuenta la ribera.
Junto al agua es habitual encontrarse con gallinetas comunes y lavanderas. También pueden verse ocasionalmente gansos del Nilo, considerados una especie invasora.