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‘La cabina’ y la plaza de Arapiles donde se rodó el único telefime español con un Emmy

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‘La cabina’ y la plaza de Arapiles donde se rodó el único telefime español con un Emmy

 

Una campaña en Change.org pide que instale una réplica de la cabina de la película de Antonio Mercero.

En diciembre de 1972 TVE emitía el mediometraje La Cabina, un asfixiante relato de 30 minutos en el que su protagonista, interpretado por José Luis López Vázquez, quedaba atrapado en una cabina telefónica mientras unos operarios intentaban rescatarle ante la curiosidad primero, y la sorna después, de los vecinos.

La película la firmaba Antonio Mercero y un año después le valió un Premio Emmy al mejor telefilme, lo que convertía a Mercero en el único director español que lo ha ganado hasta la fecha.

No fue fácil. Mercero tuvo que persuadir a los directivos de RTVE, a quienes no les acababa de entrar por el ojo la idea del cineasta vasco. Sin embargo, el éxito de su anterior producción para la televisión pública, Crónicas de un pueblo, un cuidadoso retrato propagandístico de la España franquista, le avaló.

La película transcurre casi en su totalidad en una plaza madrileña de Arapiles, junto a la calle Rodríguez de San Pedro. Una plaza cerrada al tráfico con un cartel que reza «propiedad privada» que libra a los huéspedes de los cuatro edificios que la rodean de jaleos innecesarios. Quizá por eso, por tratarse a simple vista de una plaza normal pero cerrada al tráfico, Mercero la consideró para su rodaje.

El director fallecía el pasado 12 de mayo, víctima del alzheimer que, paradójicamente, retrató en su última película, y poco después de su muerte alguien iniciaba una campaña en la plataforma Change.org dirigida al Ayuntamiento de Madrid, la Academia de Cine y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para homenajear al cineasta instalando en aquella plaza una réplica de la cabina de la película. Tan solo hacen falta 5.000 firmas, aunque ya se sabe que Change.org, siendo mejor que nada, como herramienta de democracia participativa deja bastante que desear.

La cabina fue aplaudida. Gustó, angustió y dejó sobrevolando sobre esa España de autoritarismo renqueante la duda sobre qué era lo que Antonio Mercero y José Luis Garci (coautor del guion) habían querido decir con todo aquello que olía a crítica velada al franquismo:

«¿Qué quiso usted decir con La cabina?, me preguntan muchas veces –dejó escrito Antonio Mercero–. Y tanto José Luis Garci, mi coguionista, como yo, reconocemos que cuando escribimos el guion estábamos más cerca del mundo de la ciencia ficción y del terror que de cualquier planteamiento político. Y también nos dábamos perfecta cuenta de que nuestra historia tenía muchas lecturas. Y de que esa era su riqueza y su complejidad. Por ejemplo, un ciudadano español encerrado en una cabina de la que no puede salir tenía una lectura evidente, decía un periodista francés. Y otro afirmaba que era un filme en clave religiosa, porque el helicóptero que aparece en la película era el Espíritu Santo. Yo diría, pues, que La cabina es una parábola abierta a todo tipo de interpretaciones, y según la sensibilidad, cultura y formación de cada uno, se interpretará de forma distinta. Y esa interpretación múltiple siempre será válida. Cómo válida y genial será siempre la interpretación de José Luis López Vázquez».

Amén.