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Cultura

La curiosa historia de los Leones de las Cortes

By Tania Segura

La curiosa historia de los Leones de las Cortes

Estamos muy contentos de poder volver a compartir con vosotros las curiosidades de Mariví Vidal Villalba. Esta vez nos cuenta todas las curiosidades de una de las parejas más famosas de nuestra ciudad. Esperamos que os resulte tan interesante de leer como a nosotros:

Son por todos conocidos; no pasan desapercibidos, y aunque son objeto de múltiples y populares comentarios, sin embargo su historia quizá pase más desapercibida.

Se erigen con elegancia y majestuosidad, flanqueando el Palacio de las Cortes. Son todo un símbolo del patrimonio político e histórico de España, y como no, de la ciudad de Madrid que es la que los acoge.

No estaba previsto originariamente, cuando se diseñó el edificio, que su entrada estuviese custodiada por dos leones. Se dispuso que a la entrada del Palacio se alzase una farola a ambos lados. Pero parece ser que el diseño no fue del agrado de Sus Señorías, es por ello que se ordena su retirada, y que en su lugar se ubicasen unos leones para el empaque y solemnidad que demandaba el lugar.

Hasta tres encargos tuvieron que hacerse hasta que se colocase definitivamente la pareja de leones tal y como los conocemos hoy en día.

La primera pareja de felinos se encarga a un escultor, con quién antes ya se había trabajado. Se trata de Ponciano Ponzano, autor del frontispicio del Palacio de las Cortes. Dado que las condiciones del país no eran las más óptimas, la obra se realiza en yeso pintado imitando al bronce. La escasa calidad de los materiales hace que no resista a las condiciones meteorológicas, y debido a su deterioro, se acuerda encargar otra nueva pareja de leones.

El segundo intento también sería decepcionante. Esta vez el encargado de ejecutar el proyecto sería el escultor José Bellver. En esta ocasión el motivo del rechazo y desagrado no sería la calidad de sus materiales, sino el tamaño de las esculturas. Debido a su reducido tamaño, fueron objeto de innumerables protestas por parte de Sus Señorías, ya que se llegó a decir que la obra parecía más “dos pequeños perros rabiosos” que dos majestuosos leones, tal y como se pretendía. Esta escultura se encuentra en la actualidad en los Jardines de Monforte, de Valencia.

Parece ser que el metal era la opción más adecuada y deseada para estos guardianes. Pero su coste era muy elevado y España por entonces no pasaba por uno de sus momentos más boyantes… Pero la casualidad quiso que una batalla ganada por el ejército español en 1860, en la Guerra de África, fuera el origen de los actuales leones. En esta batalla las tropas españolas incautaron algunos de los cañones de la contienda librada.

Ya con la materia prima disponible, se encargó nuevamente la realización del proyecto a Ponciano Ponzano. Los cañones se fundieron en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla, para posteriormente dar paso a las esculturas.

Los dos felinos que custodian las puertas del Congreso fueron bautizados como Daoíz y Velarde, en honor a los héroes de la guerra de la Independencia, Luis Daoíz y Pedro Velarde, que se sumaron al levantamiento contra las tropas francesas, el 2 de mayo de 1808.

Es curioso destacar que uno de los leones carece de los atributos propios de la virilidad masculina. Anécdota que se desconocía hasta el momento  que se procedió a su restauración en 1985. Es por ello que se llegó a creer que fueran de distinto género, pero se descartó tal idea, ya que ambos lucen una frondosa cabellera propia del género masculino. Parece ser que en un primer momento se concibieron como que dichos leones representaban a Hipómenesy Atalanta, héroe  y heroína de la mitología griega, y posteriormente al ser convertidos en leones se respetaron sus respectivas identidades (masculina y femenina).

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Es significativo también destacar que la pareja no es exactamente igual. Uno pesa 2.668 kilos y el otro “sólo” alcanza los 2.219 kilos. Pero existe otra diferencia que sí es apreciable; y es que uno mira hacia la derecha y otro hacia la izquierda y además sujetan una bola con patas diferentes.

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Estas esculturas son las que definitivamente custodian el Congreso desde 1865, fecha en que se instalaron definitivamente. Pero a punto estuvieron de no serlo. Y es que un grupo de Parlamentarios se manifestaron en contra de su colocación. Estos argumentaban que el material del que estaban hechos provenía de una guerra, y podría ser interpretado como una alegoría bélica. Finalmente no prosperó esta  inciativa.

Y es que ya por entonces también a Sus Señorías les costaba ponerse de acuerdo…