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Gastronomía

La Gastro de Chema, un tesoro gastronómico escondido en Barco

Tania Segura Tania Segura

La Gastro de Chema, un tesoro gastronómico escondido en Barco

 

La Gastro de Chema es un rincón escondido justo al lado de Gran Vía que se ha convertido en uno de nuestros restaurantes favoritos.

En una de las últimas películas que podríamos calificar como buena de Woody Allen, Midnight in Paris, el protagonsita viaja cada noche al pasado para encontrarse con sus ídolos.

El personaje de Owen Wilson bien podría ser cualquiera de nosotros si nos lo llevamos al campo de la gastronomía. Sí, tal cual lees. Él es un escritor perdido en busca de inspiración y nosotros, unos amantes de la gastronomía en busca de sabores que nos sorprendan. Lo mismo que ocurre con Chema Soler, chef de La Gastro de Chema (C/Barco, 7) y responsable de habernos contagiado la obsesión por el umami, considerado el quinto sabor por los expertos culinarios.

Chema comenzó su aventura centrada en las croquetas, pero al igual que Gil (el personaje de Owen), necesitaba algo más, así que también empezó a realizar viajes para completar la que para nosotros es su demostrada experiencia y su increíble pasión por la cocina. El resultado es una carta totalmente renovada. Pero que no cunda el pánico para los clásicos, porque en ella aún están presentes las croquetas (aunque con menos protagonismo).

Podríamos continuar buscando similitudes entre el buen sabor de boca que nos dejaron ambas experiencias (la película y nuestra visita a La Gastro de Chema), pero creemos que es mejor hacerte unos cuantos spoilers de por qué debes darte el capricho de probar este restaurante en Madrid.

El primero de ellos es su tartar de corvina salvaje a la bilbaína con crema de queso y tomate seco. A servidora le falta(ba) tiempo para mover la cabeza de un lado hacia el otro cuando le ofrecen comida que no ha pasado por alguna fuente de calor, pero probar este plato fue una rotura de esquemas por completo. ¡Menuda combinación de sabores! Ni viendo el Guggenheim sin colas. Ya no puedo decir que no me gustan los platos crudos.

El segundo y el tercero vienen juntos. Son sus croquetas de carabineros y Kimchi y de queso líquido sobre confitura de tomate y aceitunas negras. Aquí Chema se luce. No es que con el resto de platos no lo haga, pero aquí tiene la partida ganada. Chema es como Gryffindor, haga lo que haga, saldrá ganando. En este punto entendemos que mucha gente proteste porque algunas de sus otras croquetas hayan desaparecido.

El cuarto es para dejarse los modales a un lado, porque el turrón de foie con tostas de brioche no entiende de cubiertos o de dejar la última parte en el plato a modo de gesto educado. Aquí quien no corre, vuela. La combinación suave del foie con el toque dulce del turrón y del brioche está mejor que Brad Pitt en ‘Leyendas de Pasión’.

El quinto es su tartar de mejillón y gambas gratinado con Kimuchi, que poco tiene que ver con el concepto de tartar al que estamos acostumbrados, pero que puede convertirse en el favorito de los amantes de los sabores más marinos.

El sexto son sus albóndigas en guisito de curri rojo con arroz de sushi, las cuáles podríamos describir como un plato preparado por una madre moderna, por lo sabrosas y bien hechas que estaban las albóndigas (como solo pueden salirle a una madre o abuela) y la novedad de preparar una salsa como esa.

El broche final lo puso su croqueta de magdalena con chocolate fundido. Estaba buena al nivel de cerrar los ojos y soltar un largo «mmmmm» mientras la masticas y sueñas con que vuelva a estar en el plato una vez vuelves a abrir los ojos.

Si volvemos a comparar nuestra visita al restaurante con la película, podemos decir que merece la pena quedarse hasta que finalicen los créditos.