En un mundo donde la gastronomía no basta con saborear, donde incluso el ojo exige ser seducido y en el que la experiencia no es la experiencia sino todo lo que le rodea, nace el anhelo de comer bonito, de sentir que cada bocado ocurre en un escenario que acompaña y amplifica el sabor. Comer deja de ser un simple acto y se convierte en una vivencia holística: kitsch, estética y memorable.
Maché, que hoy asoma entre los finalistas del prestigioso Restaurant & Bars Design Awards, encarna esa unión de alimento y arquitectura, de sabor y escenografía. Su propuesta no se limita a un menú creativo. De hecho, está lejos de ser eso, aunque también será el restaurante que acoja The Guilty Banquet, un plan que mezcla cena y espectáculo.
Un premio a la belleza (y la belleza en sí misma)

Desde 2009, los Restaurant & Bars Design Awards reconocen los espacios gastronómicos más fascinantes del planeta, donde el diseño interior está (como poco) a la altura de la carta. En esta edición, ocho espacios españoles han sido nominados por su originalidad y belleza. Entre ellos, Maché destaca en la capital dentro de la categoría Heritage Building, destinada a interiores ubicados en edificios históricos.
Maché, enclavado en un edificio que fue sede de la Asociación General de Empleados y Obreros de los Ferrocarriles de España, funde arquitectura señorial y artesanía visual: techos altos, molduras nobles y una serie de vidrieras diseñadas por los Hermanos Maumejean. Maché, por cierto, forma parte del hotel Casa de las Artes Meliá Collection.
Esta apuesta estética se complementa con un homenaje a las siete bellas artes: pintura, escultura, música, danza, arquitectura, literatura y cine, que se insinúan en cada rincón y en la programación cultural del local.
La carta de Maché

El chef José Luis Costa despliega una carta donde la cocina madrileña y española conviven con los toques internacionales. Desde los clásicos —jamón ibérico con pan de cristal, gildas, ensaladillas reinventadas—, hasta propuestas de temporada como tomate raff aliñado o burrata ahumada, todo se presenta con un aire contemporáneo. Las gildas son lo más barato de la carta y las dos unidades cuestan 10€ –la receta no está diseñada con frivolidades: lleva anchoa y boquerón del Cantábrico. La hamburguesa (de vaca madurada, queso Comté y papada ibérica) cuesta 20€.
Otro espacio finalista que también ha conquistado a los premios

Otra joya madrileña mencionada en nuestras páginas fue el Museo Mesón Cuevas del Vino, un restaurante instalado en cuevas subterráneas en Chinchón, también nominado como edificio patrimonial.
Su entorno es una excavación viva: bodegas y lagares junto al horno de leña más grande de España, capaz de cocinar decenas de platos a la vez, todo en una atmósfera que es parte museo, parte comedor tradicional, con precios accesibles y una historia que resuena en cada muro.
El citado Museo Mesón Cuevas del Vino y Maché son finalistas en la misma categoría –se llama Heritage Building y en ella compiten restaurantes o bares ubicados en edificios históricos. Y habrá que esperar al próximo 27 de octubre para saber si alguno de los dos se alza con el premio.