En el número 17 de la Cava de San Miguel, a escasos metros de la plaza Mayor, hay una taberna que lleva seis décadas sirviendo la misma receta con obstinada fidelidad: champiñones a la plancha, rellenos de chorizo, ajo, perejil, un toque de sal, aceite de girasol y un chorrito de limón exprimido a mano. Nada más. Nada menos.
El Mesón del Champiñón se ha convertido en un clásico absoluto del tapeo madrileño para turistas (y los pocos locales que se pueden permitir vivir en los alrededores de su ubicación), y no es casualidad que, según cuenta uno de sus camareros, incluso el hoy emperador de Japón, Naruhito, se dejara ver por allí antes de ascender al trono. El mismo camarero cuenta que se venden una tonelada de champiñones a la semana –lo que según nuestros cálculos equivale a unas 400 raciones diarias.
Un sabor inalterable desde 1964
Fundado originalmente en la calle Radio del barrio de Carabanchel por la familia Nieto, el mesón nació con una idea simple: hacer los mejores champiñones de Madrid. Con el tiempo, y viendo el éxito de su receta, decidieron trasladarse al corazón del centro histórico. Hoy, la segunda generación está al frente: Pablo Nieto, hijo del fundador Ángel, lleva el timón del negocio junto a su primo Francisco Barrera, que lleva cuarenta y tantos años detrás de la barra.
El local, pequeño, castizo y siempre abarrotado, no ha cambiado su esencia ni un ápice. Las raciones, que rondan los 12 a 14 champis, se sirven por 8,90 € y se comen como manda la tradición: con dos palillos, uno en cada mano y de un solo bocado. La razón no es sólo estética: así se mantiene el jugo y el chorizo dentro del champiñón, sin mancharse ni perder sabor en el plato.