Madrid es inabarcable. Da igual que seas un recién llegado o que lleves toda la vida viviendo aquí, siempre hay algo por conocer: es lo que la hace fascinante y abrumadora al mismo tiempo. Ese «algo» puede referirse a descubrimientos arquitectónicos curiosos, a los lugares donde veraneaban los madrileños hace décadas o a la existencia de un mirador como el de la Huerta de la Partida (paseo del Embarcadero, 3).
Aunque quizá su nombre no resulte muy conocido, este espacio natural está ubicado en un enclave popular entre lxs madrileñxs: la margen derecha del Manzanares, cerca de la Casa de Campo y a pocos metros del Puente del Rey.
Su extensión de 38.000 metros cuadrados alberga una gran variedad de árboles frutales –almendros, avellanos, ciruelos, granados, higueras, manzanos, moreras, nogales, olivos, perales…–, por lo que en primavera se convierte en un paisaje especialmente atractivo cuando el parque está florecido.
Pero es en su parte más alta donde se levanta el mirador de la Huerta de la Partida, poco conocido pero con unas vistas privilegiadas de la ciudad.
¿Qué se ve desde el mirador de la Huerta de la Partida?

Desde este punto el horizonte se abre ante lxs paseantes con una vista panorámica de toda la cornisa oeste de Madrid: el Palacio Real, la Catedral de la Almudena, San Francisco, el propio parque de Madrid Río y, mirando hacia la izquierda, la plaza de España con sus torres y el Faro de Moncloa.
No en vano, como curiosidad histórica y artística que explican desde el Centro de Educación Ambiental de Casa de Campo, fue este punto exacto el elegido a finales del siglo XVI por el pintor flamenco Anton Van Wingaerde para dibujar la primera panorámica de Madrid.
El origen de la Huerta de la Partida

La andadura de esta huerta se remonta precisamente a esa época, momento en que pertenecía a la familia Vargas: fue la primera propietaria de la Casa de Campo (entre los últimos años de la Edad Media y el reinado de Felipe II).
Allí mandaron construir su casa de campo –que más adelante pasaría a manos de la corona– y esta huerta era la encargada de proveer al palacete de la familia de diferentes hortalizas.
Siguiendo la estela de Felipe II –que encargó al jardinero real Gregorio de los Ríos plantar en la huerta especies medicinales para la farmacia de la corte– Alfonso XIII la cedió al Comité de Plantas Medicinales «para actividades agrícolas […] volcadas en los asuntos terapéuticos», señalan desde el mismo Centro.
Los mejores miradores de Madrid

Las localizaciones para disfrutar de las mejores vistas de la ciudad son variadas: desde parques y jardines hasta azoteas. E incluso algunos de ellos están especialmente diseñados para un tipo concreto de observación: es el caso del mirador estelar.