Para los madrileños el cocido no es un lujo, al menos no en el sentido económico, es una tradición, es lo que comes los domingos de frío en casa de tu abuela. Pero al ser un guiso tan completo se presta a muchas reinterpretaciones y Quique Dacosta, referente de la alta cocina, rinde homenaje a la versión que el rey Alfonso XIII tomaba los jueves en el Ritz hace 115 años.
Bajo la majestuosa cúpula de cristal del icónico Palm Court, los martes y jueves el hotel hace suyo el recetario clásico y lo eleva a experiencia tan elegante como castiza, combinando el saber hacer centenario de la casa con ingredientes de máxima calidad y el sello indiscutible de la creatividad más actual.
Los tres vuelcos del cocido del Ritz

El cocido se sirve en bandejas de plata que han sobrevivido un siglo, inclusive a la reforma total que sufrió el hotel en 2021. También se mantienen los tradicionales tres vuelcos: primero, una sopa de fideos cabello de ángel, preparada con caldo de costilla, huesos de jamón de bellota, gallina y embutidos selectos; segundo, garbanzos pedrosillanos y verduras de temporada; y tercero, todo el despliegue cárnico que remata la comilona, que incluye morcillo de Ávila, tocino, chorizo, morcilla, gallina y las pelotas de cocido. Este menú, reinterpretado por Dacosta y el jefe de cocina Thomas Stork, respeta la tradición del cocido ritziano, cocinado lentamente y servido bajo la elegante cúpula para redescubrir la autenticidad y la excelencia del plato más castizo de Madrid.
Como acompañante se sirve una salsa de tomate con comino, que no es fácil de encontrar en la mayoría de los restaurantes en los que se sirve cocido, pero que es tan castiza como la Puerta del Sol.
El maridaje que propone la casa es el tinto madrileño El Regajal, envejecido 13 meses en roble francés y procedente de Aranjuez, aportando equilibrio y refinamiento a una experiencia pensada para sibaritas y nostálgicos del lujo clásico. Aunque al rey le gustaba tomarlo con una copita de champán para equilibrar lo campechano con lo fino, un balance muy Borbón. Para rematar el menú incluye una torrija con helado de postre.