Entre nuevas cafeterías de especialidad y restaurantes solo pensados para turistas, Madrid acaba de recuperar uno de esos lugares que definen una ciudad mejor que cualquier libro de historia. Tras más de dos décadas cerrada y años de restauración, la mítica taberna Los Gabrieles, conocida popularmente como la Capilla Sixtina del azulejo y frecuentada en su día por nombres como Federico García Lorca o Ava Gardner, reabre en la calle Echegaray, en pleno Barrio de las Letras, con nueva vida gastronómica pero el mismo ambiente castizo de siempre.
Fundada a comienzos del siglo XX como casa de comidas y luego tablao, Los Gabrieles fue durante décadas uno de los templos más singulares de la noche madrileña: por sus salones pasaron toreros como Manolete, músicos, escritores como Valle‑Inclán o Almodóvar y una larga lista de personajes que mezclaban bohemia, flamenco y algo de juerga clandestina. El local cerró en 2004 por problemas estructurales y, durante años, sus azulejos —un conjunto de más de 300–400 m² de cerámica publicitaria y artística, encargada en su día a maestros como Enrique Guijo, Alfonso Romero o Federico Ribas para bodegas del Marco de Jerez— quedaron ocultos tras andamios y escombros, hasta que Patrimonio ordenó su conservación y se inició un largo proceso de rehabilitación.
Hoy ese trabajo luce por fin al completo. Las paredes y techos de Los Gabrieles son un museo vivo de azulejo andaluz de principios del siglo XX: grandes murales que reproducen obras como Los borrachos de Velázquez, escenas costumbristas, paisajes bodegueros y alegorías del vino, todo enmarcado por cenefas, pilastras y recuadros que cubren prácticamente cada centímetro de la taberna. Entrar es como colarse en una cueva de tesoros: barra de mármol rosso lepanto, columnas, techos pintados y mensajes cerámicos (“Si no canto, no como”) que recuerdan su pasado de tablao flamenco y casa de artistas.
La reapertura de Los Gabrieles
La reapertura, fijada para el 20 de abril, llega de la mano de un proyecto que divide el espacio en tres zonas: taberna a pie de calle, restaurante subterráneo y una sala de espectáculos en la planta superior pensada para recuperar el pulso cultural del local, con programación de flamenco, jazz y otros directos. La rehabilitación arquitectónica, dirigida por el estudio Rehabilitar y la empresa ECRA, ha sido minuciosa y ha consolidado la estructura, limpieza y restauración pieza a pieza de la cerámica, nuevo sistema de iluminación para realzar los murales y una intervención interiorista que añade comodidad sin borrar el alma de la casa.
En lo gastronómico, Los Gabrieles quiere ser algo más que una postal bonita. La cocina la lidera Ander Galdeano, ex jefe de cocina de Triciclo, con una propuesta que mira al recetario tradicional madrileño y andaluz pero con ojo contemporáneo: vermuts, finos y tapas en la barra (gildas, encurtidos, salazones, croquetas, ensaladilla), y platos más trabajados en mesa, como callos, rabo de toro, frituras de pescado o unas patatas a la importancia guisadas con ibérico y setas y rematadas con calamar a la brasa, en un guiño de mar y montaña castizo. El producto marino llega de proveedores de primera como Pescaderías Coruñesas y Pescados El Kiku, y la bodega rinde homenaje a las casas de Jerez que, hace un siglo, financiaron buena parte de los murales que hoy siguen decorando las paredes.