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Una iglesia 24 horas con Wi-Fi, «dog-friendly» y con confesión vía iPad

Lucía Mos Lucía Mos - Executive Editor

Una iglesia 24 horas con Wi-Fi, «dog-friendly» y con confesión vía iPad
San Antón es una parroquia 2.0. donde tecnología y caridad se dan la mano frente al altar.

Conexión inalámbrica a Internet que se propaga entre crucifijos e imágenes de la Virgen María. Pantallas para no perderse ni un píxel de la misa desde las filas de atrás. Y una app para que toda confesión quede protegida por el secreto inexpugnable del código binario. Con la iglesia digital hemos topado.

San Antón se parece poco a los otros templos de Madrid. No hace falta cruzar el umbral para darse cuenta: es la iglesia friki, donde lo mismo cargas el móvil que rezas una plegaria a las 3:00 h de la mañana. Porque no cierra nunca, es una parroquia 24 horas que vive una actividad incesante desde que amanece hasta que se pone el sol.

Brilla, o más bien deslumbra, en pleno corazón de Chueca, junto al Colegio de Arquitectos de Madrid. Aunque de forma más discreta, San Antón compite en vanguardia con los jardines del COAM y hasta con los locales de ambiente gay de la zona. La suya no es una modernización puramente tecnológica, sino que sus valores también se han actualizado: la comunidad LGTBIQ+ es bienvenida en esta casa.

La iglesia del futuro ha cogido carrerilla para alcanzar la velocidad de los tiempos que corren, y en su sprint ha acarreado uno de los fundamentos de la religión cristiana: la ayuda al prójimo, ya sea analógica o virtual.

Quien lo necesite encontrará un plato de comida y un lugar de descanso en la iglesia, que desde 2015 está a cargo de Mensajeros de la Paz y liderada por el mediático padre Ángel. Hasta las mascotas tienen pienso y agua a su disposición. ¿Acaso no es San Antón el patrón de los animales?

El espíritu entregado del personal calienta hasta los corazones más escépticos. En la trastienda hay una enfermería solidaria gestionado por la Camilla de la Misericordia, donde los médicos voluntarios dispensan medicinas y compresión a partes iguales.

La rutina de San Antón se configura entre el mundo real y el entorno online. Y en ninguno de los dos hay hora de cierre.