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La colonia del Pico del Pañuelo: aquí vivían los trabajadores de Matadero

Uno de los lugares más sorprendentes de Madrid.

Alberto del Castillo Alberto del Castillo - Editor

La colonia del Pico del Pañuelo: aquí vivían los trabajadores de Matadero

Hay algo que me hermana con el personaje de la última novela del escritor argentino Alan Pauls. En ‘La Mitad Fantasma’, el protagonista no se quiere mudar, pero visita viviendas en alquiler o en venta. Yo no invierto mi tiempo en visitar casas por el mero placer de hacerlo, solo lo hago cuando tengo la intención de mudarme. No obstante, es una actividad que no me disgusta, tiendo a retener matices y soy capaz de recordar hasta el rasguño de una baldosa del baño. Hace algunos meses visité un piso en la colonia del Pico del Pañuelo –encajada entre tres glorietas: la de Legazpi, la de general Maroto y la de la Beata María Ana– y mientras tanto (como no-futuro inquilino) pensaba en este artículo.

La colonia del Pico del Pañuelo me atrae por la misma razón por la que me subyugan según qué rincones de la ciudad: porque me evade de la sensación de estar en Madrid. El amarillo pálido de las fachadas, el monotema estructural, la ausencia de hierro forjado en sus balcones (la ausencia de balcones) o la escasa proliferación de coches hacen del paseo por sus calles una certeza: la de que no hay casi nada parecido en toda la ciudad.

Lo que hoy es una virtud, hace diez años era una de sus cruces. Francisco Pastor es periodista y vecino del barrio desde hace relativo poco tiempo. Dice que alrededor de 2011 se movía por la zona y bromeaba con sus amigos: “yo no me meto ahí ni con Google Maps”. Basta, precisamente, un vistazo rápido por Google para adivinar el cambio del barrio: todas las noticias de 2015 aluden a ciertos problemas de delincuencia y de prostitución.

María Cayetana Hernández de la Riva es la concejala del Distrito de Arganzuela y le cuenta a este medio algunas de las primeras acciones que llevaron a cabo para combatir esta problemática: “Nosotros visitamos el Pico del Pañuelo, vimos la inseguridad, mandamos policía por la noche (patrullas, policía de paisano…) y también hicimos acciones a través de las unidades distritales de colaboración –asociaciones en las que se da trabajo a jóvenes con problemas familiares o de educación”.

La gentrificación

Crédito editorial: Ángel Biyanueba

Probablemente haya pocos epítomes más esclarecedores para hablar del cambio del barrio que el precio de la vivienda. Pastor, que hace cinco años publicó en CTXT un exhaustivo reportaje sobre la colonia, dice que en aquel entonces le preguntó a un vecino cuánto pagaba: alrededor de 600€. Ahora se encuentran casas con un alquiler cercano a los 1.000€.

Pastor alude a la apariencia del barrio cuando lo visitó para hacer el reportaje: “no había restaurante y ahora hay dos que son como muy modernos y muy hípsters” y añade que entonces veía la calle llena de contenedores de obras: se estaban reformando las casas.

Unas casas cuyo valor ha aumentado significativa e indiscriminadamente. Si Pastor se refería a la colonia como el lugar al que no llegaba la gentrificación, la realidad actual es muy otra. José Luis Ibáñez Salas es historiador, ha vivido treinta años en la colonia y ahora vive en la plaza de la Beata, pero no en la colonia y al preguntarle por este cambio dice que “Yo creo que básicamente Madrid Rio y Matadero. Matadero está en una coyuntura de crecimiento de la ciudad más o menos razonable y esa coyuntura ha ayudado (al margen de que Matadero y Madrid Rio estén adosados a la colonia) que todas esas casas se hayan revalorizado”. Pastor lo valora, pero encuentra otra razón más poderosa: “yo creo que es consecuencia del aumento de precios de alquileres en el resto de la ciudad. Yo ahora vivo en la colonia porque nos empezaba a costar demasiado dinero vivir donde vivíamos antes, que era Argüelles”.

Crédito editorial: Ángel Biyanueba

Los restaurantes hípsters,  el aumento de precio de los alquileres o convertirse en escenario de grabación de series (como ‘La valla’ de Daniel Écija o como ‘Patria’ de Aitor Gabilondo –para ‘Patria’ las calles del Pico del Pañuelo sirvieron para localizar falsamente la ciudad de Berlín, según cuenta Pastor–) no esconden el pasado más inmediato. Un parque vallado cercano a la glorieta del General Maroto incide en esta realidad.  La concejala de Arganzuela se refiere al hecho y dice lo siguiente “Lo del tema del parque viene de hace muchos años. Hará como quince años o más. Fue un tema de los vecinos. No me preguntes el por qué porque no te sé contestar. Imagino que fue por temas de botellón”. Sobre si tiene la intención de abrirlo, de la Riva es tajante: “Estamos cerrando parques. Es una pena, pero ahora estamos a eso. Tenemos el problema del botellón”.

Con respecto al estado de gentrificación, Pastor dice que quiere ponerle una nota de color. Y añade que hay un sitio debajo de su casa que es un bar de viejos de toda la vida: la camarera llama por su nombre de pila a los clientes que son trabajadores del barrio. Dice que es “un bar de gente que lleva 40 años yendo” y que “ponen las noticias y las comentan todos a todo volumen”. Pastor concluye que “yo creo que todavía le queda bastante, queda muchísimo de lo que fue: el barrio es un barrio de trabajadores. Queda muchísimo para que se gentrifique del todo”.

La historia

Crédito editorial: Ángel Biyanueba

Las casas fueron edificadas entre 1927 y 1930 –durante la dictadura de Primo de Rivera– por el arquitecto Fernando de Escondrillas, especialista en la construcción de colonias baratas. Escondrillas es también el autor material de otras colonias como la de El Retiro o la colonia Buenavista (antes colonia Primo de Rivera). La del Pico del Pañuelo es una colonia bastante grande. Hay casi 1600 viviendas: un total de 74 casas repartidas en edificios con planta baja, tres alturas y un ático. Las casas encajan como un Jenga o como un Tetris a través de los cinco módulos triangulares que las organizan.

La relación entre Matadero, justo enfrente, y la colonia es íntima y estrecha. Las casas de Pico del Pañuelo fueron diseñadas específicamente para los trabajadores del propio Matadero. Ibáñez Salas también dice que sobre todo vivían los asentistas que trabajaban en el Mercado Municipal de Frutas y Verduras de Madrid.

La poeta estadounidense Louise Glück dice en un verso que “Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria”. Ibáñez Salas parece refutar a Glück cuando habla del barrio y le añade otra pátina más a esa idea al decir que “cuando eres niño todo lo que ves es normal”. Lo dice en referencia a un recuerdo: los matarifes andando por la calle con los delantales llenos de sangre. “Al recrearlo es cuando lo piensas y sabes que no era normal: una persona llena de sangre andando por la calle no es algo normal”.

Ibáñez Salas habla de sus años en la colonia, de los relatos que ha escrito y que la tienen como telón de fondo y por supuesto del cambio que ha experimentado “Estas casas han estado a punto de ser una zona de lumpen, deteriorada o deprimida. Lo que se ha hecho es convertirla en todo lo contrario. Nosotros vivimos al lado y mi mujer de vez en cuando dice que quiere comprarse una casa ahí, pero yo no me quiero mudar a una casa de 50 metros cuadrados”.

Crédito editorial: Ángel Biyanueba

El tamaño de las casas es otro motivo de discordia o polémica. En la web del COAM hay publicado un “Análisis constructivo y estructural de la colonia pico del Pañuelo (Arganzuela, Madrid – 1927)” que elaboraron Amaia Mateos Valiente y Tomas Villanueva Elizondo en 2015. El trabajo se concibió en el seno de una residencia promovida por la Asociación Pico del Pañuelo. Les contactamos para averiguar algo más sobre su función en el barrio, pero dicen que el proyecto cerró hace dos años por “dificultades para dedicarle tiempo y trabajo”.

Queda, no obstante, para el recuerdo este exhaustivo trabajo. El texto pone en valor su función de casas de alquiler para personas (principalmente inmigrantes rurales) que “cuando hicieran dinero podrían permitirse una casa o en el momento en que su situación cambiara, volver al pueblo”.

El motivo de la discordia al que referíamos al inicio de este apartado alude a la disparidad de criterios en cuanto a los metros cuadrados que tienen los pisos. No hay acuerdo. Pastor lo dice “todos sabemos que hay disparidad de tamaño en las casas”. Luego lamenta que no se escriba más sobre las colonias de Madrid –con la salvedad de las interesantísimas series que publica El País en verano– y añade que “yo sé que no es del todo cierto lo que aparece en ese informe” (en alusión a la memoria de los arquitectos). Dice que “no es verdad que todas las casas de la colonia sean cuadradas y no me refiero a las que están en los ángulos de la colonia”.

El nombre

Crédito editorial: Ángel Biyanueba

El porqué del nombre de la colonia casi recuerda a uno de los mitos fundacionales de Benidorm por algo que podemos bautizar como la arquitectura de las cosas. Se dice (en el caso de Benidorm) que un arquitecto tomó una caja de tabaco y mostró el porcentaje de espacio que ocupaba estando tumbada y el que ocupaba en posición vertical. Ante tan demoledor argumento, alcalde y ediles sucumbieron a la lógica y empezaron a construir hacia arriba.

En el caso de la colonia del Pico del Pañuelo la referencia es tan sencilla que va explícita en el nombre: no necesita casi aclaración. Visto el mapa de la colonia en planta, la colonia se parece a un pañuelo doblado. Nada más simple, nada más redondo.

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