Es uno de los grandes atractivos del Museo Reina Sofía de Madrid y representa uno de los bombardeos más violentos de la Guerra Civil Española. El Guernica, pintado por Pablo Picasso en 1937, recuerda el ataque que sufrió esta localidad vasca, pero no se trasladará para conmemorar el 90 aniversario de la tragedia.
El Gobierno vasco solicitó acoger temporalmente la obra en el Museo Guggenheim de Bilbao, con el objetivo de contribuir a la reparación y dignificación de la región. Sin embargo, tras varias semanas de diálogo y debate, el pasado martes 7 de abril el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, denegó la propuesta.
Según explicó durante la sesión de control en el pleno del Senado, “los informes de los técnicos del museo son claros: desaconsejan el traslado de forma rotunda por criterios estrictamente técnicos».
Proteger el patrimonio

Frente a las dudas presentadas por parte del senador del PNV, Igotz López, el ministro de Cultura recalcó que su labor era “garantizar el acceso a la cultura, pero también garantizar la protección del patrimonio”.
Por su parte, el parlamentario vasco calificó esta decisión de “inmovilismo técnico”. Además, llamó a la sensibilidad para reivindicar la necesidad de contar con el cuadro durante la conmemoración del bombardeo de Guernica.
La fragilidad del Guernica

A pesar de la polémica, el asunto está cerrado y el cuadro no será trasladado. Según han indicado los técnicos, cualquier transporte de la obra supondría unas vibraciones inevitables. Se podrían provocar nuevas grietas, levantamientos, pérdidas de la capa pictórica o incluso desgarros, tal y como ha explicado el ministro de Cultura, Ernest Urtasun.
Pablo Picasso pintó el Guernica en 1937 en París como respuesta pacifista a la situación que vivía España . Desde entonces ha sido reconocido en todo el mundo, pasando por distintos países. Durante la década de los 40 recorrió ciudades como Oslo, Londres y Manchester hasta instalarse en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA).
La obra no llegó a España hasta 1981, cuando el país ya había entrado en la democracia. En principio, lo acogió el Casón del Buen Retiro de Madrid, hasta que en julio de 1992 se unió a la colección permanente del Museo Reina Sofía, donde aún puede visitarse.