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La plaza de Juan Pujol: franquismo, postureo y el circo de Sánchez Dragó en Malasaña

By Madrid Secreto

La plaza de Juan Pujol: franquismo, postureo y el circo de Sánchez Dragó en Malasaña

 

Te habrás tomado más de una caña allí, pero ¿tienes idea de quién es este tal Juan Pujol?

La plaza de Juan Pujol es uno de esos pocos sitios de Madrid a los que sabría llevarte si me reencarnara en taxista. Cualquiera que haya dado más de un bandazo por la calles de Madrid sabe ubicar esta plaza, emblema del malasañeo. Y quien no sepa ubicarla por el nombre sabe perfectamente a qué lugar de Madrid nos referimos cuando hablamos de «la plaza donde las pizzas de Cambalache», «la plaza del restaurante Ojalá» o «la antesala del Dosde«.

Pero, ¿por qué se bautizó como la plaza de Juan Pujol? ¿Quién era este señor y por qué se merece (o no) una plaza con su nombre?

El Ayuntamiento de Madrid aprobaba el 18 de noviembre de 1969 denominar plaza de Juan Pujol a la que hasta entonces se había llamado plaza del Espíritu Santo. Se pretendía así, además de evitar confusiones entre la calle Espíritu Santo y la plaza homónima, rendir homenaje al periodista, novelista, poeta y lacayo del franquismo Juan Pujol Martínez (1883-1967).

Pujol abrazó el anarquismo al acabar Derecho para posteriormente renegar de la Segunda República y ser jefe de Propaganda de la Junta de Defensa de Burgos tras el golpe de Estado franquista de 1936. Como periodista, fue corresponsal por las principales capitales de Europa para el famoso Imparcial (cuya antigua sede se ha reconvertido en uno de los cuarteles generales del gafapasteo) y ABC, y también llegó a dirigir el diario Madrid y el diario Informaciones.

Pero hace poco, el señor Pujol, que hacía ya tiempo que dormía la siesta eterna en su caja de pino, saltó a la agenda mediática (o al menos hizo una breve aparición local). Primero en 2006 de la mano del escritor Fernando Sánchez Dragó. Luego, en 2017, de la mano del Ayuntamiento de Ahora Madrid y su intento de cambiarle el nombre a la plaza. Pero empecemos por el principio.

Sánchez Dragó, ese Premio Planeta a quien, por suerte, por desgracia o por afán mediático se le conoce más por llamar al orden a su tocayo Arrabal y por ser un público y entusiasta defensor del cannabis, se topó en su día con quien dice ser el delator y culpable del asesinato de su padre, Fernando Sánchez Monreal, a quien no conoció.

¿Y qué podía tener Joan Pujol contra Fernando Sánchez Monreal? Dragó especulaba lo siguiente en declaraciones a El Español: «Tengo una teoría. Ambos se conocían. Mi padre, por entonces, estaba preparando la primera vuelta ciclista a España. Era uno de los sueños de Pujol. Terminada la guerra y muerto mi padre, fue él quien trajo esta competición al país”.

Dragó había reconstruido en su libro Muertes paralelas, una obra a caballo entre la novela negra, la crónica y la autobiografía, el asesinato de su padre, y poco antes de su publicación se topó con el nombre de Juan Pujol, a quien Dragó considera el culpable directo del asesinato de su padre, colgando de la fachada de un edificio a tres manzanas de su casa.

Y decidió tomarse la justicia por su mano: «Encargué en la ferretería una placa del callejero con el nombre de mi padre, arranqué la que rendía homenaje al felón, coloqué en su lugar la otra y avisé a la policía para que me detuviera», declaró Dragó en su día a la prensa.

Pero la policía no le detuvo. Más bien le invitaron a que dejara de hacer el indio, y todo quedó en un escenificado afán de protagonismo disfrazado de reivindicativa causa justa.

Y más de diez años después, la memoria histórica. El pleno de la junta del distrito Centro aprobaba en una reunión de la Comisión de la Memoria Histórica el cambio de 52 nombres del callejero madrileño a fin de cumplir con la ley, entre los que estaba la citada plaza de Malasaña.

La idea era rebautizar el enclave como plaza del Rastrillo, como se le había conocido popularmente hace años, pero un juez paralizó el cambio a la espera de que se resolvieran los tres recursos judiciales planteados por particulares, el último a cargo de la Fundación Francisco Franco, contra la decisión municipal.

En Google Maps, por si acaso, ya figura con ambos nombres.