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Cultura

Inspiración y visibilidad: personajes LGTBI que son o fueron fundamentales

Hemos preguntado a poetas, novelistas o editores LGTBI para saber qué personajes ficticios han sido importantes para ellos.

Alberto del Castillo Alberto del Castillo

Inspiración y visibilidad: personajes LGTBI que son o fueron fundamentales

Son muchas las ficciones (literarias, cinematográficas o televisivas) que han ayudado a mucha gente a entender que hay más vías que una única historia. Y desde Madrid Secreto hemos preguntado a poetas, novelistas o editores LGTBI para saber qué personajes ficticios han sido importantes para ellos.

Ennis del Mar y Jack Twist en Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005)

Gonzalo Izquierdo y Alberto Rodríguez, editores en Dos Bigotes

Por fortuna, cada vez resulta más difícil elegir un personaje LGTBIQ destacado en la ficción. En la mayor parte de los casos, los estereotipos han quedado atrás y los personajes se han ido revistiendo de mayores capas de complejidad. En este sentido, nos parece especialmente relevante la pareja formada Ennis del Mar y Jack Twist, los protagonistas de ‘Brokeback Mountain’.

El éxito internacional de la película de Ang Lee (León de Oro a la Mejor Película en Venecia, Oscar al mejor director, etc.) permitió que una audiencia millonaria conociese la historia de amor imposible entre los cowboys interpretados por Heath Ledger y Jake Gyllenhaal. Una relación marcada tanto por un contexto social adverso como por la homofobia interiorizada de los personajes. Dos asuntos que, por desgracia, siguen plenamente vigentes.

Matt en Melrose Place (Darren Starr, 1992)

Alberto Marcos, escritor y editor.

Yo pienso en el primer personaje gay en ficción al que yo acompañé durante semanas, semanas y semanas, mientras yo empezaba a descubrir mi sexualidad (que no tiene absolutamente nada que ver con salir del armario: eso me costó mucho más).

Era la época de Sensación de vivir, la serie de televisión, y hubo un spin off de esa serie que fue Melrose Place y ahí fue la primera vez que yo vi un personaje en televisión (luego vinieron muchos más) abiertamente gay. Además, en una serie tan popular, por otro lado, como era Melrose Place.

Era el personaje de Matt, el chico rubio de ese bloque de apartamentos con la piscina en medio. Y desde el primer capitulo tú sabías que era gay y durante toda la serie lo fue. Es verdad que fue un personaje muy secundario y sus tramas estaban alrededor del hecho de que él fuera gay. Creo recordar que ni siquiera hubo un beso de él con otra persona en antena.

Blanca Rodríguez de Pose (Ryan Murphy, 2018)

Txus García, poeta.

Me resulta difícil encontrar un personaje de ficción al que pueda llamar referente, si no es en producciones muy recientes. Esto es debido al tratamiento que se le ha dado a los caracteres LGBTQ a lo largo de la historia, donde su representatividad era negativa, dramática o ejemplarizante. Hay todavía cierta tendencia en los productos de ficción a continuar con el «bury your gay/queer» o mantener el «dead lesbian syndrome».

Últimamente me ha seducido el personaje de Blanca Rodríguez (interpretada por MJ Rodríguez), la madre de la casa Evangelista en Pose. Esta serie está ambientada en la comunidad transexual latina y afroamericana que a finales de los 80 y en plena eclosión del SIDA, encuentra en la cultura BallRoom la oportunidad de alejarse de la miseria y de la violencia callejeras.

Blanca Evangelista es uno de los personajes centrales que, apoyándose y creciendo con la creatividad maravillosa que proporciona el baile y la performatividad LGBTQI, consigue salir a flote y ser un referente para la comunidad. Su incombustible fe en la capacidad de la familia escogida para protegerse, luchar y medrar en una sociedad donde la exclusión es la tónica, es inspirador. Es perfecto que este personaje esté interpretado por una persona del colectivo que además conoce personalmente las tramas y conflictos en los que se inspira la serie.

También es tremendamente positivo que a Blanca Evangelista, a parte de la transexualidad pueda atravesarle el racismo, el clasismo y el estigma de ser seropositiva. Su dulzura, autenticidad y fortaleza la han convertido en mi personaje de ficción favorito en los últimos tiempos, marcados terriblemente por la transfobia y el racismo. La memoria histórica es muy necesaria, y este personaje me recuerda que el primer orgullo fue, entre otras, gracias Marsha P. Johnson, una mujer negra, transexual, madre también de la casa Star y activista de Act Up.

Hedwig de Hedwig and the Angry Inch (John Cameron Mitchell, 2001)

Elizabeth Duval, escritora.

A mí me parece que un referente particularmente cañero e interesante es el personaje de Hedwig en Hedwig and the Angry Inch, una película musical. Yo la vi proyectada por primera vez en un cinefórum, en un momento en el que había hecho lecturas de teoría queer y tenía bastante conocimiento teórico, pero me pareció particularmente extraordinario por cómo mostraba al personaje, por la complejidad del personaje y por la complejidad de las nociones que trataba (tanto la película como el personaje en sí).

A mí me parece una película que construye un referente que está muy guay y que es muy cañero y que me sigue pareciendo que es interesante y tiene relevancia incluso muchos años después. Que no es lo mismo que puedo decir de producciones audiovisuales más recientes que juegan con el melodrama y con la angustia y con los traumas y con el “mira, qué desdichadas que somos dentro del colectivo trans o el colectivo LGTB en general” como es el caso de La chica danesa.

Me parece un retrato de lo trans que cae mucho más en ese maniqueísmo, en esa dicotomía del más puro sufrimiento. Y para mí lo interesante no está solo en que exista ese sufrimiento sino que precisamente también se reivindique un placer y autoplacer y un goce y una capacidad para gozar de ello y una capacidad para encontrar un lado positivo y resignificarlo. Y eso mismo es lo que creo que hace al final la historia de Hedwig.

Eduardo II de Eduardo II (Cristopher Marlowe, 1594)

Alberto Conejero, poeta.

Te hablo de Eduardo II, el personaje de Marlowe sobre el personaje histórico. Si no recuerdo mal, era la primera vez que yo leía o descubría un personaje LGTB en una obra de teatro, en una obra de ficción. Y me pareció hermoso y también singular que una obra del pasado hablara con tanta fuerza del deseo homosexual y de sus consecuencias. Y tiempo después, además, pude ver la película homónima que hizo Derek Jarman sobre el personaje, sobre esta obra de Marlowe. Y recuerdo muchísimo la escena en que suena Every time we say goodbye de Cole Porter, que es uno de mis compositores LGTB preferidos, pero te diría eso: Eduardo II de Marlowe. Cómo un personaje histórico, tan alejado en el tiempo, pudo iluminar tanto sobre lo que era el amor homosexual y, lamentablemente, las consecuencias que podía tener en el pasado.

Georgina de Los Cinco (Enyd Bliton)

Rodrigo G. Marina, médico y poeta.

Nací en una familia en la que no podía alcanzar este tipo de referentes y digamos que crecer con esa desorientación queer de la que habla Sara Ahmed en su Fenomenología plasma ese lugar, no-lugar; ese espacio con una imposibilidad para identificarse y a pesar de ello con una pervivencia de la vida.

Yo creo que el primer personaje arquetípico que podría ser LGTB y que conocí en mi infancia, podría ser Georgina en Los Cinco. Sin embargo, hablaría de otros cuentos u otras novelas que no son queer o no son LGTB, pero que me ayudaron a entender algunos elementos a través de sus metáforas.

Uno de ellos es Domenica de Gonzalo Torrente Ballester. Precisamente porque la protagonista era capaz de generar personajes y generar realidades con solo pensarlas. Era capaz de materializar todo aquello que no estaba.

Y por el contrario pensaría en El palacio japonés de Vasconcelos que es un cuento que, precisamente, para hablar de la muerte, necesita no contarla. Es decir: aquello que está y que no puede decirse.

Son algunos de los referentes que me sirvieron o me fueron útiles para subjetivarme como una persona LGTB en el mundo.

Luisita y Amelia de #Luimelia (Borja Glez. Santaolalla, 2020)

Irati Iturritza, poeta.

La pareja de personajes que he elegido es Lusita y Amelia, de Amar es para siempre, que es la típica serie de abuelos y abuelas a la hora de la siesta. Son dos personajes que me interesan mucho en sí y a nivel de recepción (como se están consumiendo y cómo se están creando): creo que es uno de esos casos en los que la construcción ha sido colectiva. O por lo menos que ha estado muy marcada por la recepción.

En mi familia hemos visto bastante esa serie y la anterior (Amar en tiempos revueltos), también. Yo me acuerdo de que hace diez años hubo lesbianas en Amar en tiempos revueltos y yo era pequeña, tendría 10 o 12 años.

Una de ellas es Luisita. Me parece muy relevante que no haya sido una trama secundaria, ni un personaje secundario. Es un personaje que ha estado ahí desde el principio. Creo que el descubrimiento sexual, la forma de introducirlo… ha sido muy interesante. Y el otro personaje, Amelia, también es abiertamente bollera.

A las dos se les ha hecho una serie que se llama #Luimelia. Y es una serie que se ha hecho a partir de los fans, que son quienes le pusieron este nombre a Lusita y Amelia. Y se ha creado una serie sobre ellas que se traslada a la actualidad y es una especie de paralelismo de su relación de cómo sería hoy en día.

A mí hay algo que me interesa que es la influencia del público, que pone en duda cómo se representan a estos personajes. Recuerdo haber leído una queja que era que las escenas sexuales siempre se recortaban. O todo era muy puro. Y es verdad que creo que las últimas escenas han sido más explícitas porque con una pareja heterosexual se haría así.