El restaurante más antiguo del mundo está en Madrid

share on:
Cochinillo y cordero son los protagonistas de este asador que lleva funcionando casi tres siglos.

Las ligas de fútbol pararon durante la Guerra Civil; el asador Sobrino de Botín no. Este restaurante, ubicado en la calle Cuchilleros número 17, ostenta desde 1986 el título del restaurante más antiguo del mundo, avalado por Guinness World Records.

Casi tres siglos después (294 años concretamente), el restaurante se mantiene en el mismo lugar, con el mismo nombre y sin una mancha en su impecable historial de servicio ininterrumpido.

El local se incrusta en una fachada de ladrillo del siglo XVI frente a la que cada día se detienen grupos de turistas. Hacen fotos, escuchan al guía de turno y siguen. Dentro, el restaurante lleva con sus puertas abiertas desde bien temprano para que los curiosos puedan asomar su réflex, aunque el servicio no arranca hasta la 13:00 h.

Dos son los pilares del asador: su horno de leña y su bodega de vinos. “Comimos en Botín en el comedor de arriba. Es uno de los mejores restaurantes del mundo. Cochinillo asado y rioja alta”, escribió Ernest Hemingway en Fiesta.

Sobrino de Botín es uno de esos lugares de Madrid donde lugareños y turistas se suceden. Los unos en su ambiente, conocedores de lo bueno; los otros, paladeando lo exótico. La leyenda que el restaurante se ha labrado a fuerza de servir mesas durante tres siglos le granjea lista de espera y llenos diarios. Por eso es mejor reservar antes de asomar el hocico.

Fue Jean Botin, cocinero francés, quien prendió la mecha. Hospedado en una posada con su mujer allá por el siglo XVI, en el 1725 abre su nuevo negocio como pensión donde también ofrecían servicio de horno donde los huéspedes podían cocinar por sí mismos su comida. Fueron sus sobrinos quienes mantuvieron la saga viva.

En los años treinta del siglo pasado, una pareja vallisoletana, Emilio González y Amparo Martín, compraron el restaurante que hoy regenta Antonio González, junto con su hermano Carlos, su primo José y su hijo Antonio.
Solo ver el horno ya da una idea de sus años, de las bocas a las que ha dado de comer. Leña de encina y entre dos horas y dos horas y media de coccicón es el secreto de su cochinillo segoviano y su cordero burgalés. No hay más.
share on:
share on: