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Madr-EAT o el día que comí en la calle con glamour

Paula Fernández Paula Fernández

Madr-EAT o el día que comí en la calle con glamour

Llegar, lo que dice llegar…Siempre ha estado ahí, lo que pasa es que no le habíamos puesto un nombre cool.

Eso y que hasta hace poco, tampoco había sido legal del todo.

Es curioso como a los madrileños,  que nos encanta comer lo que sea dónde sea, no se nos había ocurrido antes normalizar la presencia de food trucks y tenderetes. Sí, de siempre han estado los puestos de castañas para cuando el invierno se acerca, o de helados en verano pero ¿Por qué no hay puestos de hot dogs, hamburguesas, incluso “salchipapas” por la Gran Vía?

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Tengo la teoría de que si no nos lo habíamos planteado antes es porque nos gusta sentarnos y saborear lo que tenemos entre manos antes que devorarlo rápido y mal. Por eso la última vez que quedaste para comer en un McDonald´s tenías doce años  y a día de hoy solo pisas cuando tenemos antojo de helado o patatas de gajo.

Antes pensaba el street food era otra modalidad de comida basura, que donde estén un pincho de tortilla y una cerveza, que se quite lo demás. Un amigo (el mismo que insistió en que probase el sushi) me llevó a la primera edición que se celebró del MadrEAT para sacarme de mi error. Cada mes, varios camiones con comida se asientan en los jardines de AZCA para ofrecer sus productos, que por cierto no solo son perritos calientes (que también), sino cruasanes, comida japonesa, tapas de autor…Es un poco caro pero con tal de comer rico bajo el caloret, vale la pena. Para que te hagas una idea, una tapa puede costar 5€.

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Si no te gustan las aglomeraciones mejor que adoptes el horario europeo (vamos, comer al mediodía y cenar a nuestra hora de la merienda), ya que las horas punta son un poco sofocantes. Sabiendo que Madrid en verano es un horno, mejor que te lleves y sombrero o gorra, crema protectora,  un spray con agua para refrescarse cada poco y una mascarilla para evitar el olor a sobaco veraniego.

Reconocí muchos de los sitios a los que he ido que tienen local en Madrid, incluso algunos sobre los que he escrito. Por ejemplo, Maestro Churrero, cuyos productos son sin gluten (¿Quién dijo que los celíacos viven en una Operación Bikini constante?) Mama Framboise, que a pesar del nombre lo que más destacan son los bollos de chocolate, los crepes y galettes de Trisk´An, el IT Dogs (que tienen “los mejores perritos calientes de la ciudad”, o eso dicen…), las galletas caseras de Lise & Leti…

Vale, no es que sea el plan más low cost del mundo pero alguna vez habrá que salir de la tasca  en la que sueles quedar con tus colegas para cenar tapas y cerveza ¿No?

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