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Gastronomía

Aprendiz de sibarita: el noble arte de salir rodando de Goiko Grill

Tania Segura Tania Segura

Aprendiz de sibarita: el noble arte de salir rodando de Goiko Grill

Hace poco tuvimos la suerte de volver a disfrutar de Goiko Grill otra vez y qué decir que no sepáis ya los que habéis pasado por ahí. Pero para los que no lo hayan hecho…vamos a poneros los dientes un poco largos.

Antes de seguir escribiendo queremos advertir que este post es sólo para aquellos que estén dispuestos a dejar a un lado cualquier tipo de dieta, porque a Goiko se va a recrearse en uno de nuestros pecados capitales favoritos: la gula.

Esta vez fuimos para probar las hamburguesas de la edición limitada del Pork Pulled Festival. Y cuando os decimos edición limitada lo que realmente queremos decir es que, por el amor de Dios, os déis prisa en ir a probarlas, porque sólo están hasta el 15 de agosto (y no lo decimos por quedar bien, son como la tía buena de clase que a todos gusta, solo que a ésta si le podéis meter mano).

Elegimos el local que han abierto hace muy poco en la calle Santa Engracia (nº 157) que es algo más pequeño que los otros, pero tiene el mismo buen ambiente y servicio que el resto.

Nuestro nivel de gula era equivalente al de Homer Simpsons, así que cuando nos sirvieron los Nachos de Daniela (con chili con carne, nata agria, guacamole, queso fundido, tomate y jalapeños) no babeamos porque estábamos en público, pero nos quedamos sin palabras literalmente, porque teníamos algo más importante que hacer: masticar y repetir, masticar y repetir…
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Con la barriga algo más calmada pero con la misma gula recibimos a “los buenorros del barrio”: Joa (queso  idiazábal, pepinillo, aros de cebolla y bacon), a José (guacamole casero, tomate, nata agria y cebolla morada) y a José Antonio (aros de cebolla, tomate, bacon, queso americano y salsa barbacoa).
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Antes de decir cómo estaban, tenemos que haceros una pregunta: ¿cómo os coméis una hamburguesa que es más grande que la apertura de vuestra boca? Porque nosotros siempre tenemos el dilema de cómo hacerlo: entre parecer un animal, con la salsa deslizándose por tu barbilla y perdiendo el poco sexappeal que podemos tener o haciéndole una autopsia y descuartizándola con cuchillo y tenedor. Pero vamos al kit de la cuestión. Las hamburguesas. ¿Cómo estaban? Orgásmicas.Y no exageramos. La carne desmechada se deshacía en la boca y estaba muy jugosa y sabrosa. El queso idiazabal suave y cremoso y la salsa barbacoa (que ellos mismos preparan), de las mejores que hemos probado. El guacamole de la de José era fresquísimo y muy cremoso…asdfiasñdlkjvñsaldfafds, perdonad, estamos volviendo a salivar.

Gracias a nuestra visita a Goiko también hemos descubierto que tenemos “el estómago del postre”, porque a pesar de estar en modo pantalón desabrochado, tuvimos hueco para disfrutar del Frozen Oreo. Nos advirtieron que era adictivo y…no se equivocaron. Podríamos habernos comido uno detrás de otro.
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Al salir, decidimos echar una carrera para ver quién llegaba antes al final de la calle. La tuvimos que hacer rodando.